El amor procede de la esencia. La esencia es la chispa divina del alma, esa parte de tu ser multidimensional que está en contacto con el espíritu y el principio creador.

Si intentas definir o darle forma a tu esencia, lo que haces es limitar tu experiencia. Te haces pequeño y te sitúas fuera de ti mismo. Algunas personas la colocan en un pedestal y le piden que realice los milagros que solo a ellas les corresponden hacer. Otras la intentan encajar en un teorema o en una formulación matemática.

Para la persona espiritual, la idea de demostrar su existencia no es importante. Tampoco hay ninguna necesidad de rechazarla ni aceptarla. Es solo un nombre. Forma parte de un sistema de creencias arbitrario y por ello tiene el mismo valor que las palabras prana, chi, luminosidad base, Dios, sopa cuántica, energía universal, orgón, etc. En definitiva, es algo que simboliza nuestra divinidad interna y lo que tiene interés es su reconocimiento y el uso que hacemos de ella a partir de la experiencia personal.

El amor es un movimiento que acoge realidades diferentes para inspirar un cambio positivo en la experiencia. Así como la luz es información, el amor es creación. Para conocerlo, es necesario experimentarlo en relación a otros seres. Las personas expresamos y recibimos amor de infinitas maneras. No hay un estándar, pues es un principio creativo, no un consenso colectivo.

Muchas personas lo confunden y tratan de obtenerlo de los demás para llenar un vacío existencial. En este caso, se convierte en una especie de regateo afectivo, un juego enmascarado de falsos cumplidos e intereses encubiertos. Hacemos lo que socialmente se espera de nosotros para que nos quieran, pero el vacío nunca desaparece.

El amor no es algo que se pueda comprar. Si deseas sentirlo, solo tienes que reconocerte con derecho a recibirlo. Cierra los ojos, respira con calma y acepta su presencia. Estás hecho de amor, así que solo tienes que dejar que emerja desde tu interior. A partir de ahí, puedes hacer con él lo que quieras. Siempre está a tu disposición. Lo puedes compartir o experimentarlo en soledad.

Tú eres la fuente de la que mana y el cántaro que rebosa. Eres ambas cosas. Lo que importa es que te ames a ti mismo. Es decir, que seas sincero y que no te escondas bajo el disfraz de la máscara.

El amor te ayuda a ver lo que no eres (tus zonas oscuras) y eso, en ocasiones, te puede llegar a atemorizar. No tengas miedo a tu sombra porque el amor es más fuerte.

Cuando te encuentres en una situación conflictiva, pregúntate: ¿Qué haría el amor en este caso? Después, déjate sentir y actúa.

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Javier Revuelta

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