Comprender tus emociones, soltar la culpa y vencer la resistencia de tu cuerpo al cambio
Comprender una emoción es más sencillo de lo que crees
Poner atención a las emociones aflictivas, escribir sobre ellas y comprenderlas, mejora nuestra vida. Cuando nombramos una emoción, la procesamos en la zona prefrontal del cerebro y nos interrogamos sobre algo que es crucial: ¿qué estoy sintiendo y qué debería hacer al respecto? Comprender una emoción significa tres cosas: La reconocemos cuando surge. Conocemos los estímulos que la desencadenan. Nos damos cuenta de la reacción desproporcionada y destructiva —RDD— a que nos conduce.
Localizar una emoción, ponerle nombre y observarla neutralmente es el primer paso. Aunque sigas afectado por ella, tendrás capacidad para regularla y con el tiempo, y la práctica, la emoción dejará de estar presente o disminuirá en intensidad. En otras palabras, ya no te dominará ni te arrastrará a vivir situaciones indeseadas y no te creará problemas. En su lugar, podrás disfrutar de sentimientos positivos y contribuir a crear armonía y bienestar a tu alrededor.
Así gestionamos la culpa
Cuando el estímulo que desencadenó la RDD desaparece y esta se extingue, entramos en otro escenario: el de la culpabilidad. Aquí recordamos los reproches, los insultos, las lágrimas derramadas, las ironías, los desplantes, las ausencias, las evasivas… y, por supuesto, el daño ocasionado a otros y a nosotros mismos. El sentimiento de culpa viene acompañado del miedo al castigo y es muy incómodo. Para evitar sentirnos unos inculpados hacemos tres cosas: Nos apropiamos de la culpa. La negamos. Buscamos el perdón fuera de nosotros mismos.
Como veremos más adelante, ninguna de estas estrategias nos ayuda a madurar. El resultado final es que el suceso termina olvidándose, regresamos a la situación de partida y experimentamos la sensación de volver a encontrarnos bien.
Tu cuerpo es tu principal resistencia al cambio
Ten presente que tu cuerpo es tu principal resistencia al cambio. Por lo tanto, es fundamental establecer un diálogo positivo con él. Esto implica escuchar tu sistema interno de equilibrado y aumentar la conciencia corporal. Puedes hacerlo entrenando el recurso del observador, a través de la meditación mindfulness, pero también es útil que intervengas en otras áreas de tu vida cotidiana. Por ejemplo: cuidando tu postura, manteniéndote bien hidratado, respirando de forma consciente, acudiendo a la naturaleza y haciendo ejercicio de forma regular. Además, es importante que tomes el sol y el aire, mejores la alimentación, descanses bien y depures tu organismo regularmente. Estas sencillas prácticas ayudan a fortalecer tu cuerpo y a prepararlo para los cambios que deseas implementar.
También es importante el contacto físico con otras personas. Abrazar a tus seres queridos, acariciar y que te acaricien, mejora notablemente la sensibilidad. Otra opción consiste en hablarle con cariño a tu cuerpo y transmitirle tus intenciones. Explícale amablemente que has decidido hacer un cambio positivo en tu vida y que, si bien desconoces la forma que adoptará en tu personalidad, tu decisión es definitiva. Recuerda que el cuerpo gobierna el 90 % de la conducta y que, si no intervienes activamente desde la conciencia, tenderá a reproducir patrones conocidos.
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