En cierta ocasión, a un grupo de personas se le pidió que, durante tres días, dedicaran veinte minutos diarios, a escribir sobre temas arbitrarios. A un segundo grupo, le dijeron que lo hiciera sobre sus problemas emocionales.

Seis meses después, las personas que escribieron sobre sus emociones reflejaron una mayor dosis de satisfacción en sus vidas y mejores logros profesionales. Este estudio demostró que poner atención a las emociones aflictivas, escribir sobre ellas y comprenderlas, mejora nuestra vida.

Cuando nombramos una emoción, la procesamos en la zona prefrontal del cerebro y nos interrogamos sobre algo que es crucial: ¿qué estoy sintiendo y qué debería hacer al respecto? Comprender una emoción significa tres cosas: la reconocemos cuando surge, conocemos los estímulos que la desencadenan, y nos damos cuenta de la reacción desproporcionada y destructiva —RDD— a que nos conduce.

Localizar una emoción, ponerle nombre y observarla neutralmente es el primer paso. Aunque sigas afectado por ella, tendrás capacidad para regularla y con el tiempo, y la práctica, la emoción dejará de estar presente o disminuirá en intensidad. En otras palabras, ya no te dominará ni te arrastrará a vivir situaciones indeseadas y no te creará problemas. En su lugar, podrás disfrutar de sentimientos positivos y contribuir a crear armonía y bienestar a tu alrededor.

La técnica de respiración que calma cualquier emoción

Las emociones están estrechamente ligadas al cuerpo. Se ha demostrado, por ejemplo, que una sonrisa, aunque sea forzada, puede activar áreas del cerebro asociadas con el bienestar, la alegría y la salud. Nuestro sistema nervioso central interpreta constantemente las señales que recibe del cuerpo. Por ejemplo, si adoptas una postura encogida, tu cerebro creerá que te sientes deprimido, y lo mismo ocurre si estás tenso o inestable.

El doctor argentino en biología molecular Estanislao Bachrach sostiene que la respiración es un recurso muy efectivo para regular nuestras emociones. Según sus investigaciones, realizar una espiración en el doble de tiempo que la inspiración, a través de la nariz, produce un efecto sedante en todo el cuerpo. Al parecer, al espirar lentamente, se activan el nervio vago y la rama parasimpática del sistema nervioso autónomo.

Dicho esto, cada vez que una emoción perturbadora te sorprenda, sitúa tu atención en el cuerpo y respira de esta forma. Estar relajado te ayudará a reconocer más fácilmente la emoción perturbadora, nombrarla y aceptar la experiencia que te está brindando. A partir de ahí, tu diálogo interno será positivo y podrás identificar mejor el estímulo que ha tocado tu herida. De esta forma, evitarás la típica reacción desproporcionada y destructiva —RDD— y podrás elaborar una respuesta creativa y socialmente habilidosa. Recuerda siempre que el cuerpo es tu mejor aliado.

La dinámica destructiva

La dinámica destructiva comienza cuando un estímulo, ya sea interno o externo, nos saca de nuestra zona de confort. En ese instante, la emoción toma el control sobre la conducta y se manifiesta en forma de RDD. Cada persona expresa estas reacciones de manera única, pero generalmente se agrupan en torno a cinco sistemas de defensa: la huida, evitar o rechazar el problema; la insatisfacción, quejarse continuamente; el control sobre el entorno, intentar imponerse; el encierro en uno mismo, mostrarse sumiso; y la soberbia, negar tener conflictos o sentimientos.

Cuando el estímulo que desencadenó la RDD desaparece y esta se extingue, entramos en otro escenario: el de la culpabilidad. Aquí recordamos los reproches, los insultos, las lágrimas derramadas, las ironías, los desplantes, las ausencias, las evasivas… y, por supuesto, el daño ocasionado a otros y a nosotros mismos. El sentimiento de culpa viene acompañado del miedo al castigo y es muy incómodo. Para evitar sentirnos unos inculpados hacemos tres cosas: nos apropiamos de la culpa, la negamos, o buscamos el perdón fuera de nosotros mismos.

Como veremos más adelante, ninguna de estas estrategias nos ayuda a madurar. El resultado final es que el suceso termina olvidándose, regresamos a la situación de partida y experimentamos la sensación de volver a encontrarnos bien.


Puedes profundizar en Trauma e Inteligencia Emocional

Resumen de privacidad
Javier Revuelta

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Cookies estrictamente necesarias

Las cookies estrictamente necesarias tiene que activarse siempre para que podamos guardar tus preferencias de ajustes de cookies.