Cuando alguien muere, su conciencia permanece latente y la persona sigue recibiendo las impresiones de la realidad física que abandona.

De acuerdo con las tradiciones cristiana y budista, se necesita del orden de tres días en un estado de quietud y armonía absolutos para que el alma abandone definitivamente el cuerpo.

Esta es una práctica que debería recuperarse en todos los hogares del mundo, dado que afecta a cerca de cuatrocientos millones de personas al año. En algunos países como Australia, Inglaterra, Alemania o Finlandia, este plazo se respeta. En otros países como España, no solo resulta ilegal, sino que se fomenta la idea de acortarlo al máximo. La loca carrera en la que parece sumergirse la civilización actual afecta también al ámbito sagrado de la muerte.

En el Tíbet se dice que nunca es tarde para ayudar a un difunto en su evolución espiritual, sobre todo si ha fallecido en circunstancias traumáticas o de forma inesperada. Podemos acudir a personas especializadas que poseen el don de la mediumnidad o brindarles esta ayuda nosotros mismos.

De todas formas, los días posteriores al fallecimiento son cruciales. Cuando una persona es declarada clínicamente muerta, es beneficioso seguir guardando un profundo respeto por su alma y acompañarla en su camino.

En este periodo hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y lo que se piensa. El motivo es que la percepción del fallecido se mantiene ampliada y cualquier comentario grosero o irrespetuoso puede perturbar su transición. También es positivo encender una vela. No obstante, esta práctica no debe prolongarse de forma indefinida. Pasado un tiempo, la luz puede llamar la atención del alma sobre la realidad terrenal y entorpecer el proceso.

Por otro lado, visitar su tumba, hacer ofrendas, hablarle con cariño, rezar, etc., resulta muy efectivo. Al margen del tiempo que haya transcurrido desde su partida y de las condiciones de su muerte, lo importante es evitar las emociones de aflicción y enviarle pensamientos de esperanza. Es fundamental transmitir amor e indicarle que pida ver la luz o que se deje ayudar por sus guías espirituales.

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Javier Revuelta

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