Si deseas dejar de sufrir, debes estar dispuesto a ser feliz. La felicidad no es algo fácil de alcanzar. Requiere compromiso, esfuerzo y energía. Todos desean ser felices, pero muy pocos comprenden realmente lo que esto implica.
Matthieu Ricard, un monje budista francés conocido como el «hombre más feliz del mundo», sostiene que el placer es efímero, mientras que la felicidad es permanente. En su opinión, el placer nos viene dado por algún estímulo externo, quizá una comida suculenta, una ganancia económica, un baño caliente… Sin embargo, la felicidad es un estado de plenitud que no depende de las circunstancias externas. Esto significa que podemos ser felices en medio de una discusión, una enfermedad o un conflicto. Según un proverbio hindú: «El placer es solo la sombra de la felicidad».
Te propongo que te atrevas a ser feliz, que seas fiel a tu verdadera naturaleza y vivas desde el corazón. Si deseas la dicha, la abundancia y la salud, necesitas ver la vida como un proceso continuo de cambio. La norma no es la quietud, sino el movimiento. Crecer interiormente significa aceptar que no hay un estado finalizado al que llegar, sino una aventura por vivir. Esa aventura eres tú. Quizá no lo sepas, pero eres único en este vasto universo. Tu contribución para mejorar la vida de otros seres es indispensable y valiosa. Por eso, te agradezco de corazón que estés aquí y que tengas la firme intención de vivir una vida plena, pacífica y con sentido.
Primero actuamos, luego razonamos
Las emociones juegan un papel crucial en nuestro comportamiento, pues nos dotan de la energía necesaria para satisfacer nuestros instintos básicos. Imagínate que estás en la cola de un supermercado con tu hija de siete años. De repente, un hombre se acerca a vosotros, toma del brazo a tu hija y comienza a insultarla. ¿Cómo responderías en ese momento? ¿Empezarías a razonar sobre lo que está pasando y sopesarías las distintas opciones que tienes para dar una respuesta correcta? Lo dudo. Lo más probable es que defiendas a tu hija con uñas y dientes. Seguramente, te enfrentarías al hombre acosador o incluso le golpearías con violencia.
En esta situación, los instintos que satisfaces son los de protección y agresividad, y lo que te moviliza es una emoción de indignación, enfado, ira… Posteriormente, encontrarás todo tipo de razonamientos que justifiquen tu conducta. Esto es algo que sucede siempre a posteriori, es decir, cuando una emoción nos moviliza para satisfacer una pulsión instintiva, primero actuamos y luego razonamos.
El amor sin sabiduría engendra el caos
Para liberarte del pasado y alcanzar tu máximo potencial, necesitas dos herramientas fundamentales: el amor y la sabiduría. El amor es una fuerza descomunal que transforma todo lo que toca. Es una energía expansiva que actúa sin imponer condiciones, es decir, respetando el libre albedrío. La sabiduría, en cambio, se encarga de establecer límites y crear orden.
El amor simboliza la luz y la sabiduría, la oscuridad. Entre ambos debe reinar el equilibrio. El amor sin sabiduría engendra el caos y la sabiduría sin amor crea la tiranía. Este equilibrio está presente en todos los ámbitos de la vida. Por ejemplo, a la hora de educar a un hijo se le alienta y se le apoya incondicionalmente, pero también se establecen horarios, objetivos que cumplir o tareas a realizar. Lo mismo sucede con la organización de un equipo deportivo, un grupo de trabajo, etc.
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