Las máscaras que utilizas a diario comenzaste a crearlas en la infancia.

Cuando eras niño, vivías la vida con gran intensidad. Todo era una novedad y digno de ser explorado. Sin embargo, un buen día, esa experiencia placentera se vio interrumpida de forma brusca. Recibiste una fuerte impresión y viviste tu primer trauma.

Un trauma es una situación en la que el intercambio natural de energía que mantenemos con el entorno se ve alterado de forma violenta. Es algo parecido a lo que experimentamos cuando alguien nos da un susto de muerte. En esta situación hacemos siempre tres cosas:

1- Transferimos la tensión al cuerpo y lo tensamos.

2- Suprimimos el sentimiento de placer (amor) y lo sustituimos por una emoción perturbadora (miedo).

3- Construimos una imagen para tratar de explicar lo sucedido.

La intensidad y el efecto de un trauma dependen del suceso que lo origina y de la sensibilidad del alma que lo recibe.

Desde una perspectiva espiritual, los traumas son registrados por el alma para recordar el conflicto que arrastra de otras vidas y que ha decidido resolver en esta.

Ejemplos de traumas son: la impresión que provocan en el feto los estados de ánimo negativos de su madre, un parto con fórceps, suspender la lactancia de forma brusca, pasar un tiempo en una incubadora, obligar a un niño a comer o a evacuar, castigarlo por jugar, interrumpirlo en el momento en el que quiere explicarse, darle una paliza, abusar sexualmente de él…

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Javier Revuelta

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