Siempre que funcionas desde ella, actúas a la defensiva y te separas de tu esencia.

En lugar de dejarte sentir y decidir conforme a lo que dictamina tu corazón, te dedicas a comparar la situación que estás viviendo con alguna idea preconcebida.

Es un mecanismo inconsciente que se despliega con gran celeridad, a partir del cual, emites un juicio de valor que determina si lo que estás viviendo está bien o mal, si es correcto o incorrecto, decente o vergonzoso, oportuno o impropio, justo o injusto…

Esta postura te lleva a tomar decisiones convencionales que te mantienen dentro de una zona de confort conocida.

Las máscaras las creamos como consecuencia de los traumas que vivimos en la infancia y al incorporar a nuestra personalidad los sistemas de creencias que nos inculcan nuestros progenitores y la cultura en la que hemos nacido.

Cuando funcionamos desde el ser enmascarado:

1.Somos hipócritas pues, aunque tenemos pleno conocimiento de que somos falsos, actuamos como si fuéramos verdaderos.

    2. Permanecemos a la defensiva. Utilizamos mecanismos muy variados: rechazar antes de ser rechazado, encerrarnos en nosotros mismos, controlar el entorno, desconfiar por sistema, quejarnos, negar los sentimientos, pretender ser perfectos, huir de las situaciones conflictivas….

    3. Nos esforzamos por mostrar la imagen de un ser idealizado que nunca terminamos de experimentar. En suma, oponemos resistencia a la vida y la forzamos para que se adapte a nuestros deseos y a la imagen que tenemos del mundo.

    4. No establecemos contacto con la esencia (negamos la intuición como fuente de conocimiento) y, debido a eso, permanecemos separados de nuestro entorno. Hacemos dramas con facilidad. Lo analizamos todo (en vez de razonar, racionalizamos).

    5. Basamos nuestro comportamiento en estereotipos sociales y nuestra identidad en el estatus que ocupamos en la sociedad. Nos balanceamos entre el rol de víctima y de perpetrador. Nos identificamos con nuestra personalidad y nuestro objetivo es ser aceptados, hacer lo que se considera correcto y «ser los buenos».

    6. No reconocemos el dolor interno (emocional o psíquico), es decir, pretendemos estar siempre bien (o mal).

    7. Justificamos nuestras reacciones emocionales negativas con sistemas falsos de creencias (la vida es injusta, el mundo es un lugar peligroso…). Las emociones negativas las proyectamos hacia fuera (creamos enemigos imaginarios) o hacia dentro (generamos culpabilidad y autocrítica destructiva). Al sostener nuestra energía bajo presión terminamos por provocarnos una crisis personal.

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    Javier Revuelta

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