Tu patrón de conducta: niño herido y ángel de luz

Para poder abrazar tus heridas, disolver tus traumas y realizar tu ikigai necesitas conocer tu patrón de conducta y ser fiel a él. Esto implica cambiar tus comportamientos anómalos por otros más saludables y, al mismo tiempo, potenciar tus talentos y habilidades personales. De esta manera, guías tu existencia por el camino de la impecabilidad, evitando el autosabotaje y empoderándote de manera formidable. Tu patrón de conducta se ha ido fraguando desde la infancia y presenta dos vertientes: Inmadurez. Es tu niño herido. Los traumas que has vivido siendo niño han dejado una huella en tu personalidad. Debido a ellos, percibes la realidad de forma distorsionada y tienes una imagen falsa de ti mismo. Esta parte de tu personalidad vive enmascarada y, con frecuencia, te conduce a reaccionar de forma exagerada y destructiva. Madurez. Es tu ángel de luz. En las áreas vitales en las que no hubo problemas, tuviste éxito. Una parte de tu ser se desarrolló de forma saludable y hoy refleja los rasgos positivos de tu personalidad. Desde este lugar eres franco, generoso, valiente, compasivo, alegre… y te sientes satisfecho, y realizado.

La resiliencia nace de un entorno seguro

Un aspecto crucial en el desarrollo de la resiliencia es contar con un entorno seguro, donde poder compartir nuestras experiencias traumáticas o adversas. Escuchar a una persona que ha sufrido dificultades y comprenderla realmente es un gesto de humanidad extraordinario. En la educación sobre resiliencia, la compasión desempeña un papel esencial, dado que, al practicarla, liberamos al otro de su sufrimiento. Para lograr esta hazaña tenemos que observar nuestro propio malestar y evitar que interfiera en el proceso. A partir de ahí, hay que sostener amorosamente a la persona que está sufriendo, con la intención de ayudarla a gestionar su propio dolor interno. La resiliencia y la autoestima están íntimamente entrelazadas. Para ser resilientes, necesitamos tener un buen concepto de nosotros mismos y una imagen positiva. Además de conocer y actualizar tu pauta de conducta diariamente, es crucial que evites la autocrítica destructiva y que aprendas a perdonarte. Cuando integres estas tres habilidades, tu resiliencia se verá fortalecida notablemente. Serás capaz de regular tus niveles de estrés con mayor eficacia y enfrentarás los desafíos de la vida con determinación.

La perseverancia crea el cambio real

Aquí entran en juego la voluntad y el compromiso con las actividades que decides realizar, para tener éxito. Gracias a la perseverancia creas la masa crítica de energía que, finalmente, materializa el cambio. La masa crítica se refiere a la cantidad mínima de elementos necesarios para que una situación se transforme de manera orgánica o repentina. En la naturaleza estos fenómenos son muy comunes. Por ejemplo, las personas que avistan tornados afirman verlos surgir de la nada. En realidad, lo que sucede es que una serie de moléculas de aire, que giran en espiral, cuando alcanzan una masa crítica, se multiplican de forma exponencial y crecen aceleradamente. Este proceso también aplica al ejemplo de la paciencia. Para desarrollar esta virtud es necesario acumular un potencial sináptico mínimo. Cuando lo logras, la ruta neural asociada a esa virtud se establece definitivamente. Entonces tu cerebro produce una nueva combinación química, que es vertida a la sangre, tus células modifican los receptores que tienen en sus membranas y tu nueva personalidad queda inscrita en tu biología.

Puedes profundizar en Trauma e Inteligencia Emocional.

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Javier Revuelta

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