«El éxito es el resultado de algunas decisiones acertadas. Las decisiones acertadas son el producto de la experiencia y esta suele ser el resultado de decisiones equivocadas» (Anthony J. Robbins).
Equivocarse equivale a tomar una cosa por otra y actuar en consecuencia. Nos cuesta admitir que cometer un error es algo natural, que forma parte del juego de la vida y que es la vía más rápida para el aprendizaje. En nuestra cultura somos muy poco permisivos con el error, como si el hecho de equivocarnos fuera negativo, inadmisible o impropio.
Confundimos el desacierto con el pecado y creemos que cometer un fallo es sinónimo de hacer algo malo.
El miedo al castigo es una creencia muy arraigada en el inconsciente colectivo y nos influye de manera evidente. Muchas veces, los errores nos generan tal angustia o desasosiego que, incluso cuando reconocemos que no tienen importancia, no podemos evitar sentirnos culpables y temerosos de las represalias.
La falsa creencia de que equivocarnos es algo malo o negativo puede paralizarnos o conducirnos a tomar decisiones que no nos saquen de nuestra zona de confort. Por paradójico que parezca, esta dinámica es muchas veces la causa principal de nuestro desacierto.
Desde un punto de vista espiritual, no se concibe la vida sin fallos, descuidos, inexactitudes o errores. Antes de encarnarte en el cuerpo que tienes ahora, has diseñado con tus guías espirituales un plan de vida. Este plan no es fijo, ni está predeterminado. Refleja más bien el abanico de posibilidades que puedes experimentar en esta encarnación.
Nunca debes olvidar que el error forma parte de las opciones que eliges y que es un elemento importante en tu proceso de aprendizaje. ¿Cuántas veces has tomado decisiones equivocadas habiendo sido advertido por otras personas del riesgo que corrías?
Dicho esto, es esencial que sanees todo sentimiento de culpa, pues está impidiéndote crecer y amplificar al máximo tu potencial humano.





