¿Qué haría el amor en este caso?
El amor no es algo que se pueda comprar. Si deseas sentirlo, solo tienes que reconocerte con derecho a recibirlo. Cierra los ojos, respira con calma y acepta su presencia. Estás hecho de amor, así que solo tienes que dejar que emerja desde tu interior. A partir de ahí, puedes hacer con él lo que quieras. Siempre está a tu disposición. Lo puedes compartir o experimentarlo en soledad.
Tú eres la fuente de la que mana y el cántaro que rebosa. Eres ambas cosas. Lo que importa es que te ames a ti mismo. Es decir, que seas sincero y que no te escondas bajo el disfraz de la máscara. El amor te ayuda a ver lo que no eres (tus zonas oscuras) y eso, en ocasiones, te puede llegar a atemorizar. No tengas miedo a tu sombra porque el amor es más fuerte. Cuando te encuentres en una situación conflictiva, pregúntate: ¿qué haría el amor en este caso? Después, déjate sentir y actúa.
Qué significa vivir en conciencia
Lo interesante desde el punto de vista del desarrollo personal es que los seres humanos tenemos la capacidad de situar nuestra atención en los campos de energía que nos rodean. En otras palabras, podemos entrar en coherencia con la luz encargada de organizar la materia y, de este modo, activar las experiencias por las que deseamos transitar en el futuro. No podemos predecir el resultado, pero tenemos poder para influir sobre este en sentido positivo o negativo. La cuestión estriba en decidir la dirección de un proceso evolutivo que, dicho sea de paso, es imparable. Desde la perspectiva del espíritu, vivir en conciencia significa alinearnos con la dimensión espiritual de nuestra personalidad y permitir, a través de un acto trascendente, que se integre con el ego.
La espiral: los problemas vuelven, pero tu mirada cambia
La diferencia entre ser consciente o dejar que la inercia marque la pauta se asemeja a recorrer una espiral o un círculo. Si transitas por una espiral, cada situación vital se convierte en una experiencia novedosa y hasta cierto punto enriquecedora. Los problemas de relación se repiten, pero tu forma de verlos se va modificando de forma paulatina.
Al hacerte responsable de la parte que te corresponde solucionar dentro del conflicto, ganas en conciencia. Entonces los mecanismos de defensa que están condicionando tu comportamiento se van retirando para dejar paso a tu esencia personal más genuina. Cuando el problema retorna, tu mirada es diferente, más compasiva y honesta. El corazón gana en presencia y la vida pasa a ser un proceso de transformación constante en el que tanto el dolor como el placer se convierten en aliados del crecimiento. La ventaja de vivir en conciencia es que los conflictos se difuminan y acaban desapareciendo. El amor es siempre más fuerte que el dolor.
El círculo: cuando la vida se repite
En un círculo, las vivencias se repiten de forma cíclica y el equilibrio que estableces con el entorno presenta siempre la misma tensión creciente. Los estímulos externos o internos que rompen tu tranquilidad transitoria insisten en mantenerse. A su vez, los estados emocionales a los que te conducen, así como la forma que tienes de resolverlos para volver al equilibrio, son siempre los mismos. Los enfados y las quejas se repiten de manera indefinida. Los miedos se perpetúan y las rutinas te conducen al olvido permanente. Al negar el dolor como fuente de conocimiento y al reincidir en el placer conocido, lo que obtienes es la adicción como forma de conducta o el aburrimiento crónico.
Vivir en conciencia equivale a recorrer una espiral. Los problemas se repiten, pero nuestra mirada sobre ellos es cada vez más neutra, compasiva y sabia.
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