Dejar de hacer y comenzar a ser
Si deseamos liberarnos del estrés y la ansiedad crónica en los que vivimos, necesitamos dejar de hacer y comenzar a ser. La Tierra nos ayuda a ello. Solo tienes que acercarte a la naturaleza, respirar en la quietud del silencio y abandonarte a sentir. No hay que hacer nada. Solo escuchar. La Tierra te habla todo el rato. Es un ser dotado de una fuerza extraordinaria, pero también está lleno de sensibilidad y ternura. Arráigate en tu cuerpo y hunde tus raíces en su memoria. Trabaja con ella. Hónrala y hazle saber tu intención de colaborar en su propósito. Siente el latido de su corazón y, por favor, muéstrate compasivo hacia todos los seres que la pueblan. Las plantas, los animales e incluso los minerales elevan su nivel de conciencia y mejoran sus condiciones de evolución cuando decides amarlos. Sé humilde, aprovecha la oportunidad que te brinda la naturaleza y agradece su enorme generosidad. Establece con ella un compromiso basado en la lealtad y tenla en cuenta en todo lo que hagas. Ella es tu madre, tu Pacha Mama. Sin ella no existirías. Como afirma una tradición andina: «Sin amor a la Tierra, no tenemos lugar en el cielo».
El corazón, centro de mando de la personalidad
El corazón es el órgano que nos dota de coherencia interna. Dicho de otra forma, sabe en tiempo real cómo están afectando a cada una de las partes de nuestro cuerpo los estímulos que recibimos y, con esa información, elabora una respuesta global. Esta respuesta es siempre coherente con el propósito de preservar la salud y la vida. A través del corazón transmitimos información al ADN y al resto del organismo (sistema endocrino, linfático, sanguíneo…). La ciencia ha descubierto que nuestras células tienen receptores específicos para las ondas electromagnéticas que envía el corazón. De hecho son cientos de veces más sensibles a este tipo de señales que a las químicas. Hasta hace poco se creía que las células solo recibían información a través de la sangre, pero ahora se sabe que hay otras vías de comunicación.
La conclusión a la que podemos llegar es que el corazón es el centro de mando de la personalidad y el cerebro el encargado de ejecutar las operaciones. La habilidad de la coherencia cardiaca se basa en un principio muy simple: dejarse llevar por la intuición y los sentimientos positivos. Los problemas surgen





