Equivale a coger parte de su opacidad, hacerla tuya y enfrentarte a algo que te supera con creces. Lo hacías cuando eras niño. ¿Te acuerdas? Cuando tus padres te castigaban sin motivo, te rebelabas. Cogías parte de su ira y la lanzabas contra ellos. Y siempre ganaban ellos. El canalizador y sanador español Sergio Ramos coincide con esta idea: «Nunca podrás vencer al mal con más mal, porque tiene mucha más fuerza que tú. La auténtica espiritualidad acepta la sombra y la abraza desde el amor».
Los budistas son maestros en el arte de la compasión. Entre sus prácticas incluyen la de mostrarse implacables con las energías negativas que impiden su progreso espiritual. Esta actitud interna es muy poderosa y se basa en el cultivo de las virtudes humanas (paciencia, aceptación, alegría, atención, ecuanimidad, desapego, bondad, fe, valor, flexibilidad…).
Buda Gautama dice: «Aferrarse al odio es como tomar veneno y esperar que la otra persona muera». Es del todo cierto. Identificarnos con el ser destructivo no es solo el origen de mucho sufrimiento. A la postre siempre termina por volverse en contra nuestra. Para gestionar nuestra negatividad tenemos que reconocer nuestra pulsión destructiva, sostenerla con valentía y transformarla con la fuerza del amor.





