Recorrer el camino de la evolución consciente es algo muy distinto a ser de vez en cuando conscientes de nuestra evolución. Implica elegir entre el miedo y el amor como forma de vida.
Si te decides por el miedo, tu capacidad de amar estará condicionada y limitada a una zona de comodidad muy concreta. Cualquier suceso que toque alguna herida del pasado te pondrá a la defensiva. En esta tesitura, te resultará bastante difícil amar incondicionalmente a otros seres y terminarás enredado en un regateo afectivo nada saludable. Por otro lado, tampoco podrás amarte a ti mismo.
Elige el amor.
Ponte al servicio de la contribución, pero observa siempre lo que estás viviendo. Cuando sientas que te desvías de tu camino, corrige el rumbo.
Hazte responsable de todo lo que te sucede en la vida, sin excepciones. Admite sin reservas que las situaciones difíciles con las que te encuentras son ocasiones para que el alma aprenda la lección que ha decidido abordar. No las rehúyas.
Si te dejas guiar por el corazón, las oportunidades que están alineadas con tus más profundos anhelos surgirán de manera inesperada y fácil, como llovidas del cielo. Otra ventaja es que puedes liberar el esfuerzo y disfrutar del momento presente sin dejar de imprimir energía y voluntad a lo que haces.
Además, el mero hecho de confiar plenamente en la vida te mantendrá conectado con el flujo de lo suficiente y te proveerá de los recursos que necesites para seguir creciendo.
El amor te ayuda también a dejar las relaciones que no te aportan nada o que son tóxicas.
Al mismo tiempo, te aproxima a las personas que te ayudan a disfrutar de la vida y que facilitan tu camino.
Siempre que permanezcas en movimiento y seas consciente de tu actuar esencial, podrás asumir nuevos desafíos y ayudarás a otros a crear los suyos.
Vivir desde el amor implica trascender de forma consciente a tu individualidad y abrirte a una realidad superior que te sirve de guía. Te invita a transformar tu carácter y te impulsa a cultivar tus virtudes personales, más allá de lo que establecen las normas y las convenciones sociales. Sea como fuere, mantener la curiosidad por la vida te conecta con el espíritu y eso te aporta vitalidad física, emocional y mental.





