«Hay una grieta en todo, así es como entra la luz» (Leonard Cohen).

En el Tíbet se dice que, después de morir, la intensidad de la experiencia emocional se multiplica por siete. Cuando alguien fallece lleno de resentimiento, ira, desconfianza, orgullo, miedo, codicia, etc. o presa de un pasado destructivo, egoísta y malévolo, se proyecta a un bajo astral y crea su propio «infierno».

Nutrirse del placer negativo es algo muy serio. Alguien que no tenga ni un atisbo de compasión albergará un odio exacerbado hacia otros seres y hacia sí mismo. Es muy posible que no sea plenamente consciente de su perturbación y que la camufle bajo la apariencia de una máscara socialmente aceptada. Sin embargo, bajo el velo de la muerte no podrá esconder su aversión hacia la vida. Cuando llega la hora de la verdad y se descorre el telón, la hipocresía no funciona.

¿Qué sucede en ese momento? Las emociones perturbadoras que arrastra el alma son fácilmente reconocibles por entidades y energías que vibran en los bajos astrales. Estos seres arrastrarán al alma consigo y, si esta no tiene un anclaje de luz al que poder asirse, se precipitará con ellos.

El alma que ha sido empujada hacia un bajo astral pasará un tiempo (una eternidad como dicen algunas religiones) antes de darse cuenta de que es ella misma la responsable de crear la situación que está viviendo.

Tendrá que aprender de las entidades con las que se encuentre y finalmente comprenderá que todo lo que está experimentando es en realidad un reflejo de sí misma. Se irá dando cuenta de que aquello que parecía incuestionable en la vida terrenal (dominar a los demás, destruirlos, explotarlos…) ya no le resulta muy útil.

Quizás siga influyendo sobre otros seres humanos a los que intentará poseer para satisfacer sus deseos. Es posible que represente el rol de vampiro o de demonio o que sea arrastrada hacia otra encarnación en la que vivirá lo opuesto para acelerar su aprendizaje. En todo caso, mientras permanezca en un bajo astral, padecerá una experiencia atroz o terrorífica.

Este estado perdurará hasta que el alma se sienta vulnerable y deje caer sus defensas. Cuando libere parte de su negatividad, se abrirá un resquicio y la luz de su esencia amorosa iluminará su dolor interno. Entonces podrá sentir y aceptar la ayuda de los guías espirituales que se encargan de realizar esta delicada misión.

A partir de ahí, su experiencia será cada vez menos tenebrosa y aumentarán sus posibilidades de regresar al plano de la esencia.

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Javier Revuelta

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