La ascensión del alma a los cielos es un simbolismo que está presente en todas las tradiciones espirituales y religiosas.
De acuerdo con el historiador de las religiones rumano Mercia Eliade, en ellas se relata cómo el alma que deja el cuerpo sube por una montaña, una cuerda, un arcoíris, una escalera, un árbol, una cadena de flechas, vuela hacia lo alto…
Ya se trate de una leyenda heroica, de un rito chamánico, de una visión mística, de un ritual religioso o de un relato onírico, la pretensión del alma es siempre la misma: trascender a la condición humana, acceder a los niveles cósmicos superiores y unirse a la divinidad.
Aunque en realidad no ascendemos, pues lo que hacemos es movernos hacia adentro (interiorizamos), esta figuración es análoga al movimiento que realiza el alma por el plano astral.
Lo que voy a relatar ahora es una representación de este viaje. Es una descripción basada en mis percepciones como clarividente, en las de otras personas que también poseen el don de la mediumnidad y en el testimonio de aquellos que han vivido una ECM.
En todo caso, eso no significa que lo que vas a leer a continuación represente la verdad. En el tránsito hacia el otro plano, lo único que te podrá aportar clari- dad será tu propia experiencia.
En el momento posterior a la muerte suele haber confusión. El cambio en nuestras condiciones de energía es extraordinario y por eso es lógico que necesitemos un periodo de aclimatación.
Antes de movernos hacia el plano en el que nos corresponde estar, ocupamos un espacio intermedio. Es como si subiéramos desde las profundidades del mar y nos introdujéramos en una cámara de descompresión o como si estuviéramos escalando el Everest y pasásemos un tiempo en el campamento base.
En este tránsito tenemos muchas oportunidades para conectar con nuestra esencia y procurarnos una evolución favorable. La energía amorosa que reina en los planos más elevados fluye de forma natural hacia las esferas más densas. Esto crea una atmósfera propicia para el restablecimiento de la salud, la coherencia y la armonía.
En el momento del tránsito hay asistencia por parte de guías espirituales y se nos ofrece la oportunidad de revisar la vida que acaba de terminar.
Además existen lugares de recuperación y sanación. Son como hospitales etéricos en los que recibimos los cuidados que necesitamos antes de seguir nuestro camino hacia el plano de la esencia. De acuerdo con la médium mexicana Carmen de Sayve:
«Cuando el cuerpo emocional ha estado muy afectado por una enfermedad, alcohol, drogas o diferentes sufrimientos, se le pone en un estado de «sueño reparador» en el que se le envuelve con energía universal para restaurarlo».
Esta etapa de aclimatación puede prolongarse más o menos tiempo.





