La convergencia de la inteligencia artificial, la nanotecnología, la computación y la genética nos permite ya intervenir con precisión quirúrgica en el universo cuántico de los átomos. El emprendedor indio Vivek Wadhwa afirma que, en un futuro, la salud se abordará como un problema de ingeniería y no como un desequilibrio físico-químico.

Esto significa que los fármacos sintéticos o naturales dejarán de ser «la cura de todos los males». Lo que haremos será restablecer la estructura original de los átomos y las moléculas, es decir, pondremos a las personas enfermas en armonía con las leyes y los patrones que rigen el funcionamiento del cosmos y de la vida.

A pesar de estar rodeada de un halo tecnológico, la medicina podrá definirse en el futuro como una terapia espiritual. No habrá efectos secundarios, pero ninguna intervención médica que incida sobre el ser de la persona será realmente eficaz si esta no establece cambios de orden espiritual en su vida.

Somos nosotros los que creamos las condiciones para que emerja la salud o para que el organismo zozobre y caigamos enfermos. Podemos reestructurar el campo energético y limpiar de suciedad un órgano o un tejido, pero, si la persona no modifica su estilo de vida, el desequilibrio volverá a manifestarse.

Estamos muy acostumbrados a «trampear» la vida a base de parches. Tomamos sustancias sintéticas o naturales para tratar de mitigar los síntomas de la enfermedad, pero las causas reales no siempre se abordan. En lugar de asumir que somos responsables de nuestra salud, le decimos a un tercero que nos cure. De esta forma, si algo sale mal, la culpa es de otra persona o lo achacamos a la mala suerte, al determinismo genético, al karma o a la intervención de un Dios justiciero.

Todo ello es producto de un viejo sistema de creencias que imagina que la única dimensión de realidad que existe es la física y que podemos dominar o controlar la naturaleza a nuestro capricho.

Cualquier trastorno físico es el reflejo de un desequilibrio emocional, mental y, en última instancia, espiritual. Todo lo que le sucede al cuerpo acontece antes en el campo de energía que lo rodea. Cuando seamos conscientes de este hecho, la medicina pasará a ser una práctica holística. Convivirá con el conocimiento que nos brinda la naturaleza y con la sabiduría espiritual que heredamos de nuestros ancestros.

La tecnología nos puede ayudar, pero no es capaz de garantizar la felicidad, la salud o el desarrollo sostenible, en armonía con la naturaleza. Somos nosotros los que tenemos que cambiar y para ello es necesario que comprendamos y experimentemos lo que realmente somos.

Hay que admitir que la realidad es el producto de la interacción entre la conciencia y la energía y que esta relación no se limita a la dimensión física, sino a un espacio multidimensional. Estés donde estés y hagas lo que hagas, tú eres el creador.

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Javier Revuelta

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