La espiral: el patrón secreto de la vida
Otro de los grandes arquetipos geométricos es la espiral. Este diseño está presente en microorganismos, galaxias, el ADN, ojos, flores, cuernos, órganos, caracoles, remolinos, huracanes, plantas… Además, es un símbolo muy antiguo que forma parte de todas las culturas y rituales que anteceden a las religiones. Representa el paradigma universal de la evolución que vuelve al mismo punto una y otra vez, pero modificando la perspectiva. Es decir, cada vez que se pasa por la misma situación, esta se ve con una luz diferente. La espiral responde a un invariante universal que se llama proporción áurea (o divina) y está regida por el conocido número phi (1,6180339887…). Este número fue descubierto por el matemático griego Euclides trescientos años antes de Cristo y presenta una notable particularidad: tiende al infinito, es decir, no se acaba nunca.
En el año 1225, el matemático italiano Leonardo de Pisa descubrió una secuencia de números que está presente en multitud de manifestaciones naturales. Es la secuencia Fibonacci. Esta serie numérica sorprende por su sencillez. Partiendo de la unidad, resulta de sumar a cada número su anterior, es decir: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233, 377… Lo más curioso de todo es que, si dividimos cada número por el anterior, a medida que ascendemos por la secuencia, nos aproximamos al número phi de Euclides. En suma, la secuencia Fibonacci revela la existencia de un ritmo intrínseco en la evolución de los fenómenos naturales. En nuestros días, este compás de crecimiento se considera un auténtico prodigio matemático y está presente en muchas manifestaciones de la vida.
Expandirte y contraerte: el ritmo de la creación
Para poder beneficiarte del movimiento natural de la energía en el universo, lo primero que tienes que hacer es constatar que hay tres momentos valiosos: la expansión, la contracción y el vacío de la creación. Si eres observador no te será difícil comprobar que todo en la vida responde a esta oscilación. La primavera y el verano, por ejemplo, expanden la vida y la hacen crecer hasta su máximo esplendor mientras el otoño y el invierno la contraen hasta la profundidad del silencio. Al respirar expulsas aire, te expandes y sueltas la tensión acumulada y los desechos que ya no sirven para la vida. Sin embargo, al inspirar te contraes y asimilas el aire con todos sus nutrientes. El corazón se encoge para aumentar la presión sanguínea y después se relaja para impulsar la sangre por todo el cuerpo. Las venas y las arterias hacen lo mismo.
El proceso creativo es un movimiento en el que, por un lado, liberas energía y, por otro, la asimilas. Liberar equivale a expandir, asimilar es sinónimo de comprometer. Para que la vida esté en equilibrio necesitas de ambos polos. Si te comprometes demasiado, terminas esclavizado de tus propias obligaciones, y, si te liberas en exceso, acabas por aislarte del resto del mundo. Muchas relaciones se rompen por un exceso de compromiso. Sus miembros se atan el uno al otro de tal forma que terminan saturados y salen disparados en direcciones opuestas. Otras lo hacen por el motivo contrario, es decir, se emancipan tanto que terminan por olvidarse.
¿Qué es una adicción?
Una adicción es una situación en la que, para poder registrar el mismo nivel de experiencia, necesitamos ir ampliando la dosis de manera gradual. Si sigues la llamada del alma pero no estás dispuesto a renunciar al control, tus experiencias nunca serán plenas. De alguna forma, te quedas a medio camino y atrapado en una contradicción. Esta incoherencia dice: «Soy grande, pero no lo puedo sentir». El proceso que vives es el siguiente. Con la mente creas una imagen idealizada que representa el esplendor de quien intuyes ser. Esta ilusión la intentas completar haciendo cosas. En cambio, como te has negado a liberar tu propia aflicción, tampoco dejas espacio para que entre más amor en tu vida. De ese modo, el sentimiento de plenitud nunca llega.
La forma de arreglar este desatino consiste en incrementar la intensidad de los estímulos que forman parte de tu experiencia. Más trabajo, más sexo, más drogas, más compras, más meditación, más yoga, más televisión, más poder, más comida… De esta forma tan sutil, abrigas la ilusión de alcanzar la felicidad sin tener que pasar por el trance de liberar tus zonas de sombra. Esta dinámica te conduce a un mayor desequilibrio y desemboca en alguna clase de crisis.
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