La Teoría de la Evolución de las Especies que propuso Charles Darwin es correcta e irrefutable. Sin embargo, hay que admitir que presenta límites y, por tanto, que sirve para explicar una serie determinada de cosas, pero no otras.

El primer gran enigma de la vida es la fotosíntesis. La ciencia no puede explicar cómo la luz (información) es captada y transformada en alimento. Tampoco puede aclarar el paso evolutivo de las células eucariotas a los organismos pluricelulares, ni la vertiginosa evolución que sufrimos los seres humanos en apenas 250.000 años.

Por otra parte, en la naturaleza encontramos muchas estructuras biológicas que no responden a un proceso lineal de selección natural. Por ejemplo, cuando las bacterias comenzaron a vivir en un medio acuoso, desarrollaron un flagelo que permitía su movilidad y mejoraba sus capacidades adaptativas. Este apéndice gelatinoso es en realidad un mecanismo muy complejo, dado que está formado por anillos rotatorios, paletas, transmisores y otros dispositivos. En la práctica es un sistema irreductible, es decir, si quitamos alguna de sus partes, no podría funcionar. Todo parece indicar que, en un mecanismo como este, todas las piezas se han formado al mismo tiempo, pues todas ellas son necesarias para la supervivencia.

En la actualidad tenemos que reconocer que tanto el origen como la evolución de la vida son un misterio. Es decir, no se pueden esclarecer a través de la teoría de Darwin y sugieren la intervención de la conciencia o de alguna forma de inteligencia superior.

Las ciencias naturales dejan entrever que, de forma paralela a un proceso de selección natural, el desarrollo de la vida responde también a otros factores. En la Biblia se dice: «Entonces Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz el aliento de la vida; y fue el hombre un ser viviente». Los textos religiosos encierran mucha sabiduría, pero hay que leerlos sin prejuicios. Quizás lo que nos quiere decir la Biblia es que la vida surgió de la materia cuando esta fue animada por un flujo de conciencia y energía.

En este sentido, el mismo Charles Darwin admite en su libro El origen de las especies que el alcance de su teoría es limitado:

«Como mis conclusiones han sido muy tergiversadas y se ha afirmado que atribuyo la modificación de las especies exclusivamente a la selección natural, se me permite observar que, en la primera edición de esta obra y en las siguientes, he puesto en lugar bien visible las siguientes palabras: Estoy convencido de que la selección natural ha sido el modo principal, pero no el único, de modificación».

Resumen. Aun a pesar de su validez, la Teoría de la Selección Natural de Charles Darwin presenta límites. El origen y la evolución de la vida son un misterio que la ciencia sigue sin resolver.

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Javier Revuelta

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