Los paradigmas que están dirigiendo tu conducta y la de las personas que te rodean se han fraguado desde tiempos remotos en la esfera astral de nuestra personalidad colectiva.

Se transmiten de generación en generación, a través de la familia, la escuela, la empresa, la iglesia, los amigos, los medios de comunicación… Son creencias desde las cuales funcionamos sin cuestionarlas.

Como afirma la psicóloga española Paloma Cavadas: «Lo que hemos heredado como inconsciente colectivo no es sino todo aquello que en realidad no conocemos. Lo hemos dado por hecho, lo avalamos porque se ha dicho, se ha repetido, está en los libros de historia…».

Muchas de estas creencias han perdido su validez y han dejado de ser eficaces. No obstante, la inercia energética que las ha creado sigue influyendo sobre nuestra forma de pensar, sentir y actuar.

Esta pujanza procede de la dimensión astral y nos conduce a actuar de manera bien distinta a lo que internamente deseamos. Es como si una corriente nos arrastrase mar adentro cuando lo que realmente pretendemos es reposar en la orilla, tumbarnos al sol y disfrutar de la vida.

Por ejemplo, la idea de que la economía puede crecer de forma ilimitada es absurda. Carece de lógica, pues la Tierra es un planeta de recursos limitados. Es un razonamiento tan sencillo que hasta un niño de siete años lo entiende.

De acuerdo con un estudio realizado por ADENA, en la actualidad extraemos un treinta por ciento más de la capacidad que tiene la Tierra para regenerarse de forma natural.

Si la población mundial mantuviese el estilo de vida de los Estados Unidos, necesitaríamos cinco planetas, y si viviese como lo hacen los europeos, harían falta dos y medio.

Cuando un político anuncia con orgullo que su país o su región ha crecido económicamente, nunca informa sobre las repercusiones de esa «bonanza» (quizás haya creado desigualdad) y no garantiza que haya sido sostenible con el medio ambiente. En realidad, lo que anuncia es que estamos más cerca del colapso final.

Sin embargo, la mayoría de la gente no lo cuestiona e incluso lo interpreta como una noticia positiva. ¿Te das cuenta? Te están anunciando el fin del mundo y a ti te parece ¿bien?

La razón por la que admitimos como ciertas algunas ideas que son absurdas o incluso destructivas es porque, al hacerlo, evitamos asomarnos a nuestras zonas de sombra.

Mientras no consigas disolver tu propio dolor interno y modifiques la vibración de tu campo de energía, cada vez que cuestiones una creencia dominante tendrás la sensación de estar remando en contra de una corriente muy poderosa. Si no eres capaz de sostener el proceso desde la voluntad y vencer esta resistencia, es probable que abandones el intento y te dejes arrastrar mar adentro.

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Javier Revuelta

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