El alma necesita sentirse protegida, pues habitar un cuerpo es una experiencia muy intensa. El latido del corazón, el flujo sanguíneo, la respiración, el movimiento de las vísceras… Los ruidos corporales representan una gran novedad y pueden ser interpretados como una agresión directa.
Muchas madres saben esto de forma intuitiva y obran en consecuencia. Arrullan a sus bebes, les cantan canciones, les hablan con dulzura o les ponen música armónica. En el fondo de su ser, saben que su retoño está siendo continuamente afectado por sus emociones, por las ideas que tienen acerca del embarazo y por los sonidos del ambiente.
La llegada del alma a la realidad terrenal equivale a una muerte espiritual. Es un proceso complejo y, hasta cierto punto, traumático. El alma debe ser acogida de forma gradual, con un profundo respeto y un amor incondicional.
El momento del alumbramiento es decisivo, pues el alma se siente expulsada con violencia a la realidad física. En ocasiones puede sentir el deseo de aferrarse a su antigua realidad y crear dificultades en el parto (ponerse de nalgas, enredarse con el cordón umbilical…).
Aquí entran en juego muchos factores, así que el alma necesita más que nunca el aliento de su madre. Dar a luz es un acto sagrado con implicaciones espirituales muy profundas. No es un proceso exclusivamente físico o emocional y, por tanto, no debe afrontarse de forma mecánica.
La sala de parto debe ser acogedora, con un ambiente tranquilo y una temperatura adecuada. También es importante no acelerar el proceso, pues la hora del nacimiento está prefijada de antemano. El uso de medicación solo está indicado en casos muy concretos en los que la madre no pueda soportar el dolor. Por su parte, las cesáreas deben evitarse en la medida de lo posible.
Un parto natural aporta al bebé una serie de anticuerpos que le protegen contra muchas enfermedades y estimula sus sentidos. Además, la recuperación de la madre es más rápida (hay menos sangrado y menos riesgo de depresión postparto) y el vínculo con el hijo se establece antes y es más sólido (por la segregación de hormonas especiales). Otra ventaja es que el padre puede estar presente.
Al igual que sucede con la muerte física, el alumbramiento es asistido por varios guías espirituales especializados. Momentos antes del nacimiento, estos seres fijan la conciencia del alma al cuerpo físico mediante un cordón etérico (el cordón de plata). Este vínculo será el anclaje del alma a la realidad física.





