El aura: el campo de energía que te rodea

El aura se puede fotografiar con una cámara especial llamada kirlian (en honor a su inventor, el ruso Semión Kirlian). Si le haces una fotografía kirlian a un árbol en primavera verás que antes de que salga una nueva rama, en su lugar hay una matriz energética. Este armazón sirve para el nacimiento de la rama física. El inventor de esta tecnología demostró que tanto los seres animados como los objetos inanimados están rodeados por un campo electromagnético. En cierta ocasión fotografió dos hojas idénticas, una procedente de una planta sana y otra de una planta enferma. La hoja sana mostró un campo de energía mucho más brillante y coherente que el de la enferma, por lo que Kirlian dedujo que su técnica servía para diagnosticar el estado de salud de las personas. En el futuro perfeccionaremos esta tecnología y podremos manipular la energía con fines terapéuticos.

No obstante, el aura se puede ver a simple vista. Junta los dedos de las manos por encima de la cabeza y desenfoca la mirada sobre una superficie blanca. Al separar las manos, verás cómo los dedos siguen unidos por una estela. También la puedes detectar a través del tacto y estás capacitado para cargarla, equilibrarla o limpiarla. De hecho es algo que haces de forma natural cuando, por ejemplo, te das un golpe. Al llevarte las manos a la parte dolorida, transfieres energía de alta vibración y restableces la estructura original del aura en esa zona. Entonces el cuerpo inicia un proceso de reconstrucción y recupera la salud. La sabiduría interna que te hace comportarte como un chamán experimentado procede del alma.

El malestar emocional es un mensaje del alma

Cada vez que soñamos, nos comunicamos con el alma. Los sueños sirven para actualizar las experiencias que necesitamos integrar en la vida cotidiana. Aceleran nuestra evolución y nos aportan soluciones que no somos capaces de ver en estado de vigilia. Como dice Carl Jung: «El sueño es la pequeña puerta escondida en el profundo y más íntimo santuario del alma». Sin embargo, no es el único vehículo que empleamos para relacionarnos con ella. Existen dos situaciones en la vida cotidiana en las que el alma se comunica con nosotros: los estados de turbación emocional y aquellos en los que tenemos intuiciones reveladoras.

Cuando sientes malestar emocional es porque el alma te está avisando de que algo no anda bien en tu vida. Si escuchas el mensaje, harás algo para liberar de forma consciente esa emoción y accederás a un nuevo nivel de experiencia. Puedes dar un paseo, leer, escuchar música, respirar con calma, solicitar la ayuda de un terapeuta, compartir tu situación con un grupo de autoayuda… El propósito del alma es experimentar la emoción a través del ego, pero de forma completa. Esto significa que no basta con reconocer la desazón y ponerle un nombre. Es necesario procesarla a través del cuerpo. Cuando ignoramos o rechazamos nuestro dolor interno, las emociones terminan por secuestrarnos. El resultado es que, en lugar de una respuesta creativa, reaccionamos de forma desproporcionada y, en cierto sentido, destructiva. Cada vez que reprimes una emoción, desoyes el mensaje del alma y creas un bloqueo en el aura. Con el tiempo, estas alteraciones energéticas terminan por echar raíces en el cuerpo y originan una enfermedad física.

Los susurros del corazón: la intuición

La otra vía de comunicación es la intuitiva. El alma te habla para que sigas tus más profundos anhelos, es decir, aquellos que se corresponden con tu misión de vida. Te invita a vivir plenamente y a desarrollar sobre la Tierra tu auténtica grandeza. Detrás de una intuición siempre se encuentra el alma; por eso, seguirla es una vía segura para progresar en la vida.

Un aspecto importante de las intuiciones es que suelen venir acompañadas de sentimientos placenteros. Cuando escuchamos los susurros del corazón, es el alma quien nos habla. En ocasiones afirmamos tener una corazonada. En todo caso, experimentamos sensaciones físicas agradables, el cuerpo se expande, se calienta y sentimos un cierto nerviosismo o una excitación absorbente. Estas sensaciones vienen acompañadas de una palabra, una imagen, un sonido…, es decir, de una señal interna. Algo que nos conduce a tomar una decisión o a buscar una solución creativa: qué hacer, por dónde caminar, qué comer, con quién relacionarnos, en qué proyectos involucrarnos…

Las intuiciones son siempre positivas en el sentido de que responden a la llamada del alma. No obstante, el ego les puede dar un cariz negativo. Si, por ejemplo, intuimos que nos van a despedir del trabajo, afirmamos «tener un mal presentimiento». El ego lo interpreta como algo adverso, pero el alma sabe que es la mejor opción. Muchas de las situaciones que interpretamos como perjudiciales, con el tiempo se revelan como lo mejor que nos pudo pasar. Otro aspecto importante es que, si bien la intuición nos abre la puerta y nos señala el camino a seguir, la razón debe adaptar la información al contexto en el que nos encontramos y darle visos de realidad. Por tanto, ambas deben estar equilibradas.

Puedes profundizar en La Voz del Corazón: https://www.bubok.es/libros/266597/la-voz-del-corazon

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Javier Revuelta

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