Tradicionalmente hemos considerado que la materia y el espíritu son independientes entre sí. La ciencia se ha ocupado de explicar lo que sucede en la dimensión física y la religión ha hecho lo propio con el espíritu. Este intento de separar dos aspectos que están interconectados nos ha alejado de nuestra verdadera esencia. Sin embargo, también nos ha permitido enfocarnos en la realidad física para experimentarla y conocerla a fondo. De esta forma, ahora podemos transcenderla.
Los nuevos descubrimientos que ha realizado la ciencia están dinamitando las fronteras entre el mundo material y el espiritual. Aunque no sea esa su intención inicial, lo cierto es que está creando un puente entre ambas realidades.
En el universo, lo que encontramos es energía que vibra en distintas frecuencias. La materia es la expresión más densa de esa energía. La cuestión es que ambas, materia y energía, no solo no se pueden separar sino que la primera se forma a partir de la segunda. Es una consecuencia, no una causa.
La ciencia también ha demostrado que la mente y el sentimiento son capaces de modificar el curso de esa energía que vibra en el espacio. Si dotamos a la energía de conciencia, lo que obtenemos es un ser espiritual, es decir, una entidad capaz de observar y transformar la realidad física.
En una investigación llevada a cabo en la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, se pidió a un grupo de personas sin ninguna habilidad especial que intentara influir sobre la distribución de unas bolas que caían aleatoriamente a través de una mampara. En condiciones naturales, formaban una campana, es decir, la mayoría se concentraban en el centro y el resto hacia los lados de forma simétrica (es la típica distribución de Gauss que se estudia en Estadística). Sin embargo, cuando las personas decidían modificar su rumbo con la mente (hacia la izquierda o hacia la derecha), la forma resultante era bien distinta.
La psicóloga norteamericana Brenda J. Dunne, que ha dedicado más de veintiocho años al estudio de la influencia que ejerce la conciencia sobe la materia, afirma que después de cientos de miles de pruebas experimentales, este hecho es sencillamente irrefutable.
Ser espiritual no es una opción, es una realidad. Otra cosa es que no queramos admitirlo o ser conscientes de ello.
Todo lo que sentimos y pensamos nos afecta de manera inequívoca. En todo momento estamos influyendo sobre la materia (empezando por nuestro cuerpo) y, para ello, nos servimos de la energía que producimos con el pensamiento y el sentimiento.
Tenemos dos opciones: negar este poder o hacernos conscientes de cómo estamos usando esta energía. Si hacemos lo segundo, seremos más lúcidos y nos beneficiaremos de ello. En este caso, lo más práctico es poner atención en el momento presente y decidir la intención con la que nos relacionamos con otros seres y con nosotros mismos.





