Otra cosa que puedes hacer es morir y renacer todos los días.
Tu personalidad no es estática. Siempre hay aspectos de ti mismo que están actuando como resistencias y que te impiden avanzar con la presteza que deseas.
Reconócelos y suéltalos.
Cada vez que respires y observes tu propia desazón, pregúntate: ¿qué aspecto de mí mismo se está manifestando ahora? Acéptalo y deja que llegue la respuesta. La información que emerja a la conciencia te indicará aquello que internamente ya no consideras valioso para la vida.
Permite que la intransigencia, la impaciencia, la insatisfacción o lo que sea que observes se muera. Sí, déjalo morir. Imagínate que es un ser vivo a punto de fallecer. Quizás un anciano, un animal, una planta… Despídete de él con compasión y deséale buen viaje.
El ángel de la muerte es un gran aliado y un excelente consejero. No desdeñes su sabiduría.
Al mismo tiempo que te autorizas a descubrir y a liberar tus zonas de sombra, déjate guiar por tu ser multidimensional en acción: las intuiciones.
Sigue tus más profundos anhelos y, si alguien intenta hacerte desistir, pon límites claros. Sé empecinado. No te rindas.
Permite que la Madre Tierra y las fuerzas benignas del universo te ayuden en el proceso de su realización. No le cargues al ego con todo. Convertirte en el héroe de tu propia vida es un acto de narcisismo. Eso no te ayuda.
Cada vez que liberas tensión y actúas desde el corazón, creas espacio para lo nuevo. De alguna forma, te desprendes de algo con lo que ya no tendrás que cargar en el momento de abandonar este plano. A medida que te asomas a tu divinidad interna y te familiarizas con ella, le ganas una partida a la muerte.
Mueve tus fichas con elegancia. Morir no es una consecuencia derivada del paso inexorable del tiempo o de la degradación de la materia. Es un acto formidable de renacimiento.
Si deseas renacer en vida, además de dejar morir lo viejo debes reconocer la energía nueva que recibes. Siempre que te liberas del desconsuelo, un soplo de vida entra en tu corazón. Abrázalo, pero no permitas que te sobrepase.
Así reza en el mito del ave Fénix. Cada quinientos años se consumía para renacer después de sus propias cenizas con toda su gloria.
Lo cierto es que, cuando abres espacio para lo nuevo, tus niveles de energía se incrementan. Permanece al acecho y deja que la vida que fluye a través de ti embeba tu cuerpo y anegue tu alma.
Recuerda que eres un canal y que debes decidir la forma que le vas a dar al amor y a la luz que traes a este mundo.





