Una vez me vino a consultar una mujer cuyo marido había muerto de cáncer. El proceso había sido muy rápido, casi fulminante, y ella temía por el destino de su alma.

Para contactar con un ser desencarnado se hace un trabajo de transferencia de conciencia. Normalmente le pido a la persona interesada que traiga una fotografía del fallecido y que ponga sus manos encima de las mías. Luego expando mi conciencia hasta situarla en la misma frecuencia del difunto y observo cómo se encuentra.

En función de lo que veo y siento, guio al que consulta para que le transfiera instrucciones precisas. El trabajo es muy eficaz pues la voz de un familiar resuena con el alma del fallecido, lo que facilita que este reaccione y tome conciencia de su situación. Además, siempre hay varios guías que me asisten durante el proceso.

Al comienzo de la sesión, la mujer se sentó frente a mí, puso sus manos sobre las mías y ambos cerramos los ojos. Al conectar con el fallecido encontré a un hombre que vagaba por una amplia extensión de terreno situada junto al mar. Paseaba en silencio junto a otras personas de aspecto fantasmagórico. Todos tenían la mirada perdida en el infinito. Había niebla y hacía frio. A los pocos minutos surgió una columna de luz que lo cubrió por completo. Entonces, se dio cuenta de que estaba muerto. Se asustó y lo primero que hizo fue preguntar por sus seres queridos.

A indicación mía, su mujer le tranquilizó y le propuso con dulzura que siguiera su camino hacia la luz. Después aparecieron unos guías. Me dieron las gracias y me dijeron que debíamos retirarnos para no interferir en lo que el alma decidiera crear a partir de ese instante.

Cuando una persona muere de forma prematura, accidental o como consecuencia de una adicción, una larga enfermedad o una afección fulminante, el alma puede quedarse sujeta a la realidad terrestre.

En este caso, pierde la conciencia de su muerte y se transforma en un fantasma. Existen muchas grabaciones (llamadas psicofonías) y testimonios de personas que revelan la presencia de estos seres inmateriales que siguen habitando los espacios que ocuparon en vida. Estos sucesos son populares y con frecuencia aparecen en programas de esoterismo. También son comunes en las películas de terror que tratan sobre temas sobrenaturales.

En cualquier caso, si la persona no está preparada para cambiar de plano, al morir puede seguir apegada a su antigua vida. En ocasiones sentirá que no ha concluido lo que venía a hacer o quizás que debe seguir al servicio de sus seres queridos. Si en vida era adicta al alcohol puede que acuda a bares o a tugurios en los que pueda encontrar esa sustancia.

Para nosotros es difícil imaginar que alguien que ha muerto no se dé cuenta de ello. Nadie te oye, nadie te ve… Sin embargo, en el astral el alma vive una experiencia diferente.

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Javier Revuelta

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