Al liberarnos del dolor entramos en un espacio de incertidumbre. Eso nos asusta. ¿Y si consigo vencer al monstruo?
Siempre que actualizamos el contenido psicológico que usamos para justificar nuestro malestar, nuestro sistema de creencias erróneo se aclara. Es decir, caemos en la cuenta de los falsos supuestos desde los cuales hemos estado funcionando.
Los vemos desde fuera y comprendemos lo que no somos. De algún modo, tomamos conciencia de nuestros «fallos de comportamiento» y eso nos impulsa a corregirlos.
Es posible que necesitemos tener más fe, ser menos dóciles, más pacientes, menos meticulosos, más confiados, menos agresivos, más perseverantes…
Al liberar las resistencias, abrimos también espacio para lo nuevo.
El problema es que la incertidumbre nos da miedo, pues nos exige tener que manejar una energía desconocida para nosotros. Esto supone un reto y una ampliación de la responsabilidad personal.





