La conciencia tiene la función de observar, comprender, aceptar y permitir que la realidad que está observando se equilibre (o se alinee) en coherencia con una totalidad trascendente de naturaleza amorosa. De esta forma, sostiene el proceso del cambio que emana desde el espíritu y que se vierte sobre la materia.

Posee la particularidad de poder estar en varios sitios al mismo tiempo y la encargada de moverla es la mente. Si deseas tener dominio sobre ti mismo y evolucionar de manera favorable, debes aprender a utilizar tu mente con maestría. El objetivo es que haga exactamente lo que deseas

La conciencia es multidimensional, es decir, puede estar en varios sitios al mismo tiempo. Dicha característica es de suma importancia para el desarrollo personal.

En la naturaleza, esto es una constante. Las plantas, por ejemplo, extraen la luz solar y la transforman en materia orgánica. De esta forma, logran funcionar tanto a nivel esencial como tridimensional y por eso son capaces de convertir la energía en materia.

Imagínate que estás viajando por África. Circulas por la selva en un coche alquilado. Está atardeciendo y te faltan doscientos kilómetros para llegar a tu destino. Estás muy emocionado, pues has contratado un safari fotográfico que incluye un viaje en globo, acampar en la sabana y otras actividades interesantes. Al día siguiente tienes que coger un avión muy temprano.

De repente se pincha una rueda. Cuando bajas para cambiarla, los sonidos de la selva lo inundan todo. El aullido de los monos, el croar de las ranas, el fragor de millones de insectos…, el ruido es sobrecogedor. Comienzas a reparar la avería. El trabajo es lento porque el gato no funciona muy bien, los tornillos están oxidados y la llave presenta un poco de holgura. A mitad de la faena, escuchas un rugido que te deja paralizado. La alegría de la aventura se mezcla ahora con el miedo a ser atacado. Por si fuera poco, comienza a llover de forma torrencial. Maldices el día en el que se te ocurrió contratar el safari y tu mente viaja al pasado. Te acuerdas de la seguridad de la civilización, de tu casa, de tus hijos… Tu pareja no quería que fueras solo. Antes de salir, os peleasteis y tuvisteis una fuerte discusión.

Mientras cambias la rueda, tu atención se sitúa en el estrépito de la selva, en la necesidad de llegar a tiempo para coger el avión al día siguiente y en una conversación que te advirtió de los peligros de la jungla. Estás en un espacio físico concreto. Sin embargo, tu conciencia se desplaza entre el pasado, el presente y el futuro. Todo sucede de forma sincrónica, es decir, te mueves en distintos planos de realidad de manera simultánea.

En cuanto consigues apretar el último tornillo y subes al coche, la sensación de peligro desaparece. Respiras aliviado y vuelves a centrarte en el presente. Accionas la llave y prosigues el viaje.

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Javier Revuelta

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