La ciencia moderna nos está diciendo algo que va a cambiar el mundo: la realidad básica no es la materia ni la energía sino la conciencia.

El científico norteamericano Dean Radin ha dedicado más de veinticinco años al estudio de la conciencia humana. En su opinión, esta se encarga de organizar la energía y es la responsable de sostener todos los procesos vitales que tienen lugar en los organismos vivos.

Las implicaciones de este nuevo paradigma aún no se han comprendido del todo, pero son el germen de una revolución sin precedentes en la historia de la humanidad.

A partir de ahora, la realidad ya no existe tal y como la percibimos con los sentidos físicos. Somos nosotros los que creamos esa realidad, que incluye nuestro cuerpo y todas las experiencias que estamos viviendo.

Lo interesante es que esto está siendo corroborado desde muchos ángulos (física cuántica, computación, neurociencia, epigenética, nueva biología…). Los resultados de Las pruebas experimentales que se están llevando a cabo confirman la veracidad de este nuevo axioma.

Mucha gente no desea aceptarlo, pero la información está ya al alcance de todo el mundo.

A medida que tomamos conciencia de esta situación, nos hacemos responsables de nuestra vida y recuperamos el poder que hemos venido delegando en otros (maestros, políticos, sacerdotes, médicos…).

Cuando comprendemos que somos uno con todo, nuestra experiencia, en lugar de dualista, se torna integrativa y holística. Entonces, sustituimos los cimientos del viejo paradigma, basado en la separación, por una nueva forma de entender la realidad y de actuar sobre ella.

La flamante civilización que estamos creando es el resultado de un movimiento interno que parte del corazón. Por este motivo, es irreversible e irrenunciable.

Si somos los creadores de la realidad que experimentamos, ya no tenemos que seguir aferrándonos al ego para definir nuestras señas de identidad. Es obvio que somos algo más.

La ciencia clásica ha evitado siempre entrar en el debate de la conciencia y se ha mantenido separada de la realidad que observa. Esto es debido a que está muy influida por la energía masculina, que busca siempre una validación externa de sus acciones. Así crea la falsa ilusión de que puede controlar la naturaleza o, incluso, dominar el mundo.

Con esta actitud, la lógica cobra mucha importancia, pero la imaginación y la intuición quedan relegadas a un segundo plano. El físico alemán Albert Einstein dice lo siguiente: «La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional, un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado el regalo».

En estos momentos, la ciencia es consciente de que no se puede separar de la realidad que observa. Quizás por esta razón está comenzando a adentrarse en el mundo del espíritu.

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Javier Revuelta

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