La decisión que tienes que tomar implica dejar de vivir desde el miedo para hacerlo desde el amor. Es un proceso interno que transcurre de forma progresiva.

A medida que sueltas lastre y dejas atrás tus temores, el amor adquiere más presencia. Cuando el contacto con nuestro núcleo divino es continuado, la sabiduría del corazón pasa a formar parte de nuestra vida.

La clave está en perseverar, es decir, en volver sobre la esencia de manera constante, tanto en la práctica espiritual como en la vida cotidiana.

Llega un momento en que los beneficios de regresar a nuestro centro son tan evidentes que la decisión de vivir desde el amor se vuelve definitiva.

Esto no significa que las dificultades se resuelvan de manera inmediata, pero sí que adquieren un tinte diferente. Es como si nos situásemos en una atalaya y contemplásemos la vida desde fuera.

Necesitamos comprender, aceptar e interiorizar que el amor es la fuerza más poderosa con la que contamos. De hecho, es la única energía capaz de resolver cualquier problema de forma significativa, incluyendo una enfermedad física.

También es el lugar desde el cual vivimos la paz interior, el júbilo, la fe, la confianza en la vida, la salud, la abundancia y la alegría.

Amar significa integrar la luz y la oscuridad. Requiere práctica e implica decidir en libertad y desde el equilibrio. El amor no es un consenso colectivo. Es un proceso de transformación que te conduce a experimentarte en la materia en una frecuencia más alta.

Cuando tus células vibran más rápido, tu vitalidad y tu salud física se incrementan. Esto te proporciona fluidez, te ayuda a expandirte y mejora tu habilidad para mover la conciencia por la realidad multidimensional. De esta forma, puedes situarla en frecuencias altas y bajas e integrar la luz y la oscuridad.

El amor disuelve el dolor interno y lo trasciende. No huye de la oscuridad. Acepta su presencia y la abraza con una intención positiva.

Al mismo tiempo, asimila la luz que procede del espíritu y le da forma en la materia. Es un movimiento que pivota entre la liberación de energía y su asimilación.

Entre otras cosas, te faculta para vivir la conciencia de la unidad sin perder la noción de tu individualidad (el ego).

También te permite incrementar la influencia que ejerces sobre el entorno y, de forma paralela, reducir el esfuerzo realizado. Este fenómeno se denomina retroalimentación positiva y solo se da en presencia del amor.

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Javier Revuelta

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