La tercera y última forma de gestionar nuestra relación con el ser destructivo consiste en trascenderlo con la fuerza del amor.
En este caso, reconocemos su presencia (no la negamos como hace la máscara) pero, en lugar de dejar que nos domine, cambiamos su dinámica perniciosa y transformamos la negatividad en una acción constructiva.
En el ejemplo anterior reconocerías el impulso de destruir a tu hijo pero, en vez de dejarte llevar por él o reprimirlo, te darías la oportunidad de observarlo. Permitirías que el niño expresase su rabia y al mismo tiempo serías consciente de la tuya.
A partir de ahí, tu mente se relajaría y podrías decidir qué hacer desde la serenidad. Quizás accedas a que siga expresando su malestar, para que aprenda a gestionarlo, o a lo mejor haces lo contrario, es decir, lo abrazas e intentas calmarlo. También podrías ponerle un límite pero no lo harías desde el enfado ni te lo tomarías como algo personal.
Si realmente deseas crecer interiormente, es importante que admitas la presencia del ser destructivo. Un lado tenebroso que debes trascender con la fuerza del amor incondicional. Obsérvalo y siente su fuerza. Eso te dará una buena medida de lo poderoso que eres.
A diferencia del ser enmascarado, el ser destructivo es muy sincero y muy directo. No se anda con rodeos, no finge ni presenta dobleces o intenciones ocultas. Por este motivo, la posibilidad de transformar su energía negativa en algo constructivo es más alta que con la máscara.
Cuando reconozcas en ti el deseo de aniquilar a otro ser vivo, eleva tus niveles de energía y actúa de forma consciente. Relaja la mente y concédete la oportunidad de observar y sentir las emociones perturbadoras que estés viviendo. No te sientas culpable por sentir el impulso de destruir a alguien. De esta forma podrás revertir la situación y crear un punto de partida favorable.
Reconoce que el hecho de incurrir en contradicciones no es negativo ni degradante, tan solo revela los desacuerdos internos que debes experimentar y corregir.
Los actos malévolos provocados por terceros nos ofrecen una excelente oportunidad para aprender a gestionar este aspecto de nuestra psique. Por ejemplo, un político que se ha corrompido, un hombre que ha matado a su mujer y a sus hijos, un empresario que ha destruido el hábitat natural de una comunidad indígena, un grupo de adolescentes que ha provocado el suicidio de un compañero.
En este caso, lo más útil es observar el suceso desde la neutralidad. Respira con calma y procura sentir la maldad con objetividad, es decir, permite que esta te refleje tu propia pulsión destructiva. No te identifiques con la degradación humana, pero tampoco te rasgues las vestiduras ante su crueldad. Si actúas de esta forma, la inmoralidad del otro ya no provocará en ti la reacción visceral acostumbrada (a favor o en contra).
A partir de ese momento, podrás mirar tu oscuridad con calma y verás cómo sucumbe ante la fortaleza del amor.





