Todas las experiencias que vives se manifiestan en cinco niveles de personalidad: el cuerpo, las emociones, la mente, las relaciones y el espíritu. Cada uno de ellos te aporta una información diferente sobre un mismo aspecto de la vida.

La mayoría de las personas limitan su experiencia a una o a dos dimensiones. Lo habitual es que se identifiquen con la mente racional y vivan a partir de sus ideas. El resultado es por ello incompleto y, en alguna medida, también conflictivo.

Para integrar el espíritu y el ego es necesario que aprendas a mover la conciencia con maestría. En otras palabras, que observes de forma simultánea lo que estás experimentando en cada nivel de personalidad.

El cuerpo es la base de la experiencia. Nos habla mediante sensaciones físicas y un sistema interno de equilibrado. Para disponer de salud y vivir en equilibrio, necesitas escucharlo y atender sus necesidades.

También es preciso que seas consciente de tus estados de ánimo. Este aspecto es crucial, pues de lo contrario las emociones negativas te «secuestran» y te conducen a reaccionar de forma destructiva.

Asimismo, es imprescindible que controles la mente. Si no lo haces, la razón se pierde en el laberinto de la lógica y, en vez de pensar o razonar, lo que haces es racionalizar. En otras palabras, niegas la intuición y la imaginación como fuentes de conocimiento y te separas de ti mismo. Cuando la mente se extravía, en lugar de ocuparte de crear la realidad que deseas experimentar, fuerzas esta para que se adapte a tus expectativas de logro. Entonces vives en tensión y con frecuencia te dedicas a juzgar o a criticar a los demás, al entorno o a ti mismo. También te preocupas inútilmente, te obsesionas con ideas que ni siquiera son tuyas o te agobias porque las cosas no salen como tú deseas. Esto te conduce a vivir con miedo, a someterte a los demás y a intentar controlar el entorno y a ti mismo.

Además de ser consciente de lo que te sucede a nivel físico, emocional y mental, necesitas aprender a gestionar las relaciones que se presentan en tu vida. En caso contrario, es muy fácil que te hagas dependiente de otras personas, de objetos o de experiencias de distinta naturaleza. Las situaciones de dependencia son muy poco saludables y pueden llegar a ser muy dañinas.

Finalmente es preciso que te abras a la transcendencia y te dejes guiar por el alma y el espíritu.

Cuando consigues ser consciente de los cinco niveles de personalidad mencionados, entras en comunión con la totalidad del universo, pero no pierdes la noción de ser alguien diferenciado del resto. Entonces te sientes uno y único y vives tu humanidad de manera completa. ¿Te has preguntado alguna vez lo que significa ser un humano?

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Javier Revuelta

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