La oportunidad que nos ofrece la muerte de pasar al plano de la esencia o de situarnos en un nivel vibratorio favorable para nuestra evolución depende de dos cosas.
La primera es el nivel de conciencia que hayamos desarrollado a lo largo de la vida.
Es lógico pensar que, si en el momento de dejar la Tierra nos encontramos con algo conocido, no lo rechazaremos. La forma de mejorar nuestros niveles de conciencia es conectar cada día con nuestra esencia. Solo tenemos que hacernos responsables de nuestro dolor interno y seguir nuestras intuiciones más profundas.
Si te comprometes desde el corazón, en el momento de dejar este plano quizás no te ilumines de golpe. No obstante, tendrás una noción mucho más clara de quién eres en realidad. Tu alma resonará con su esencia de manera inequívoca y dispondrás de un anclaje de luz al que asirte. De esta forma, serás capaz de resolver las zonas sombrías que precisen ser aclaradas.
En otras palabras, en lugar de identificarte con la personalidad que has fabricado en la Tierra, lo harás con la parte de ti mismo que reside en contacto con el espíritu. Esto representa una gran diferencia.
El segundo aspecto que influye en el progreso del alma es el estado emocional y mental que tenemos en el momento mismo de la muerte.
Si esta se produce en paz y armonía, las posibilidades de reconocer nuestra esencia serán mayores. En resumen, el hecho de seguir un camino favorable o desfavorable depende de cómo vivamos y de cómo muramos.
La muerte es una oportunidad de inapreciable valor para que nuestra evolución sea propicia. Es fundamental que nos familiaricemos con nuestra esencia personal mientras estamos vivos y que muramos en paz.
«Vive la vida de tal suerte, que viva quede en la muerte» (Teresa de Jesús).
Para morir bien es necesario vivir bien. Cultiva la compasión como forma de vida, aprende de los errores, perdona, ayuda a otros, ríe todo lo que puedas, asume desafíos, incrementa tu sentido de la responsabilidad…
Ten una conciencia precisa de la muerte y utilízala como consejera.
Cuando estés en una situación muy comprometida, pregúntate: ¿cómo será mi muerte? Hazlo con calma y déjate sentir en la respuesta. Comprobarás que, lejos de asustarte, eso te reconforta pues te ayuda a relativizar el drama que estás viviendo.
Cuando tenemos una conciencia clara de la muerte, los obstáculos que parecen insalvables se vuelven más livianos y nos enfocamos mejor en las soluciones.





