Una vez que se ha producido la muerte física, pasamos al plano astral.

Esta dimensión de la realidad es un lugar muy familiar, pues la visitamos todos los días mientras estamos dormidos. En la mitología griega, el sueño y la muerte (Hypnos y Thanatos) eran hermanos, y en la cultura india y cristiana, ambos procesos son semejantes. Por esta razón, la palabra despertar equivale no solo a la idea de iniciar la actividad a la luz del día sino también a la luz de la divinidad.

En el astral hay una libertad creativa mayor que en la dimensión física porque los límites espaciales y temporales son mucho más difusos. Tal y como sucede en los sueños, nos movemos con absoluta libertad y podemos viajar por el espacio de manera instantánea.

Además, nuestros deseos se hacen realidad al instante. Todo lo que pensamos y sentimos adopta el aspecto de paisajes, colores, olores, sonidos y texturas.

Esto representa una gran diferencia respecto de lo que ocurre en la Tierra.

En nuestro planeta puedes estar lleno de insatisfacción, desconfianza, odio, ira, miedo, soberbia, etc. y, en cambio, estar rodeado de belleza y abundancia. En el nivel astral, esto no es posible, pues todo lo que experimentas externamente es un reflejo directo de tu realidad interior.

Aquí las cosas se organizan en función de niveles vibratorios. Al morir, el alma pasa por un periodo de adaptación y después se sitúa en la frecuencia en la que le corresponde estar. En la Biblia (Juan 14:2) se dice: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho».

Si el alma se instala en un nivel alto de vibración, participa en un proceso continuo de cocreación. Cocrear es una actividad juguetona en la que concurren muchos seres y en la que los resultados no están predeterminados. No hay objetivos, ni metas, y todo lo que se crea es el producto de una interacción libre y espontánea. Lo que relaciona a los seres que participan en un proceso de este tipo es la frecuencia energética en la que están vibrando.

En la Tierra nos cuesta mucho cocrear porque, a la hora de hacer las cosas, solemos tener criterios diferentes. Además, nuestras intenciones y actitudes son con frecuencia muy diversas. Por último, las necesidades no siempre coinciden. Lo que hacemos más bien es competir y, en el mejor de los casos, colaborar para el logro de un fin que previamente ha sido definido por alguien.

En el plano terrenal, la cocreación es todo un desafío. Es un aprendizaje que gira en torno a la capacidad que tenemos de conectar con nuestra esencia amorosa y funcionar a partir de ella. A medida que nos integramos en el tejido de la vida, nos arraigamos en la Tierra y nos abrimos al espíritu, nos resulta más fácil practicarla.
MORIR ES UNA OPORTUNIDAD -2ª Parte-

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Javier Revuelta

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