Cuando el trauma se convierte en un drama
Cada vez que enfrentamos una situación que nos recuerda la herida original, nos protegemos para evitar revivir el dolor almacenado en la memoria.
Retiramos nuestra conciencia del trauma y encerramos el dolor en el inconsciente.
Con el tiempo, la tensión física se cronifica, las emociones perturbadoras crean un bloqueo en el aura y las imágenes cristalizan en sistemas erróneos de creencias, que justifican nuestras conductas anómalas y destructivas.
El resultado es una coraza, formada por capas y «bolsas de sufrimiento» cada vez mayores.
Esta dinámica explica por qué, siendo adultos, percibimos el dolor interno de manera distorsionada.
No es de extrañar entonces que algo tan trivial como que nuestra pareja no conteste a nuestros mensajes, que el jefe no nos felicite por el trabajo bien hecho, que nos lleven la contraria o incluso un dolor físico leve, puedan convertirse en verdaderos dramas.
En resumen, el dolor abrumador que sentimos de niños, aunque ahora sea leve, lo percibimos de manera exagerada.
El mantra para volver a tu centro
Cada vez que te enfrentes a una situación conflictiva, recuerda que la intensidad de tu dolor la has creado tú mismo.
Para volver a tu centro y recuperar la calma, puedes utilizar el siguiente mantra: «Este dolor que siento es obra mía y no es para tanto».
Puedes profundizar en Trauma e Inteligencia Emocional.
Cada vez que enfrentamos una situación que nos recuerda la herida original, nos protegemos para evitar revivir el dolor almacenado en la memoria.
Retiramos nuestra conciencia del trauma y encerramos el dolor en el inconsciente.
Con el tiempo, la tensión física se cronifica, las emociones perturbadoras crean un bloqueo en el aura y las imágenes cristalizan en sistemas erróneos de creencias, que justifican nuestras conductas anómalas y destructivas.
El resultado es una coraza, formada por capas y «bolsas de sufrimiento» cada vez mayores.
Esta dinámica explica por qué, siendo adultos, percibimos el dolor interno de manera distorsionada.
No es de extrañar entonces que algo tan trivial como que nuestra pareja no conteste a nuestros mensajes, que el jefe no nos felicite por el trabajo bien hecho, que nos lleven la contraria o incluso un dolor físico leve, puedan convertirse en verdaderos dramas.
En resumen, el dolor abrumador que sentimos de niños, aunque ahora sea leve, lo percibimos de manera exagerada.
El mantra para volver a tu centro
Cada vez que te enfrentes a una situación conflictiva, recuerda que la intensidad de tu dolor la has creado tú mismo.
Para volver a tu centro y recuperar la calma, puedes utilizar el siguiente mantra: «Este dolor que siento es obra mía y no es para tanto».
Puedes profundizar en Trauma e Inteligencia Emocional.





