En cualquier caso, a medida que el alma evoluciona, la luz de la esencia se va intensificando y nuestras creaciones son cada vez más hermosas. Podemos forjarnos las experiencias de vida que más deseemos y tener una existencia realmente feliz y afortunada.

En muchas religiones, este estado, en el que el alma vive en completa armonía y rodeada de amor incondicional, se conoce con el nombre de paraíso. Quedarse aquí es una opción bastante tentadora.

Sin embargo, en el alto astral existen dimensiones en las que hay una luz aún más pura y en las que el tiempo es todavía más relativo. El alma continúa su viaje de «ascensión» (en realidad, de interiorización) y, para ello, se desprende del resto de los condicionamientos que ha ido creando en su camino a través de la dualidad.

Llegados a un determinado nivel, lo que vivimos es una experiencia de integración absoluta en la que dejamos de percibir la existencia como una sucesión de acontecimientos que se oponen entre sí. A partir de ahora, todo lo que nos sucede es incorporado a un nivel de comprensión más amplio. La dualidad sigue estando ahí, pero la cercanía del espíritu nos otorga más estabilidad y la posibilidad de proyectarlo todo sobre un fondo de armonía.

En este plano reina una paz casi absoluta y el alma se libera de forma definitiva del apego terrenal. Es el lugar en el que nos hacemos completamente conscientes del proceso de encarnación. Esto significa que, con la ayuda de guías espirituales, elegimos el aspecto físico que tendrá nuestro cuerpo, el espacio geográfico en el que naceremos, los atributos psicológicos que más necesitamos desarrollar, las almas con las que nos interesa relacionarnos, la condición astrológica, etc.

En otras palabras, creamos un plan de vida que contiene intenciones precisas y el abanico de experiencias a las que podemos acceder una vez encarnados (nosotros elegimos unas u otras en función de las circunstancias que nos rodean y de nuestra motivación interna). También podemos escoger un destino diferente a la Tierra, pues en el universo hay muchos lugares a los que nos puede interesar ir para continuar con nuestro viaje.

El alma siempre tiene la libertad de elegir sobre la próxima encarnación, pero solo al nivel del ser superior (la parte que está en contacto con el espíritu o esencia). Para que sea plenamente consciente de este proceso, tiene que haber integrado todos los aspectos de su multidimensionalidad (su oscuridad y su luz) y haberse alineado con el espíritu.

Sin este grado de evolución, las partes de sí misma que están separadas (o que permanecen apegadas al plano terrenal) experimentan la encarnación como si fueran arrastradas por una corriente de energía. En este caso, la conciencia sobre el proceso es menor y lo que vivimos se parece más a un sueño.

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Javier Revuelta

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