En Europa se estima que más del cincuenta y cinco por ciento de la población cree que hay vida más allá de la muerte, y en Estados Unidos el porcentaje es aún mayor.
Estos datos sorprenden, si tenemos en cuenta la oposición de la ciencia a admitir una conciencia independiente de la materia.
Por otro lado, el contenido de las ECM y sus efectos sobre los pacientes parecen similares en todo el mundo, en todos los pueblos y en todos los tiempos. De hecho, están presentes en culturas muy antiguas como la egipcia, la budista o la griega y es muy probable que hayan sido una fuente de inspiración para el desarrollo del pensamiento religioso.
El neuropsiquiatra británico Peter Fenwick ha dedicado buena parte de su vida al estudio de la muerte y nos dice lo siguiente:
¿Te adentrarías en una jungla sin un mapa? Claro que no. ¿Por qué razón no tenemos entonces un mapa de ruta que nos ayude a morir con conciencia?
Necesitamos comprender que la muerte es una transición, un gran cambio.
Es un momento de liberación e integración en el que el alma se desprende de los límites físicos a los que está sujeta dentro del cuerpo.
De alguna forma, es un reencuentro con nuestro verdadero ser. Como un retorno al lugar del que procedemos y un renacimiento en otro plano de realidad.
Si somos conscientes de que la vida es finita, la valoraremos más y desearemos vivirla con plenitud. Cada momento será importante, como si fuera el último, y cualquier suceso constituirá una oportunidad de aprendizaje. Si te entregas a comprender el misterio del amor, cuando llegue tu hora de partir lo harás de forma serena, pacífica y alegre. Incluso si esta te sorprende de forma imprevista.
En este sentido, es muy saludable practicar el desprendimiento de todo aquello que te está sujetando a este plano. Desprenderse equivale a no apegarse a las cosas, a las relaciones, a la personalidad, a los deseos, a las experiencias, a las tradiciones…
Cuanto más generoso seas, más liviano caminarás por la vida y más fácil te resultará trascender de plano cuando llegue el momento. Todo lo que tienes ahora te ayuda a desarrollar una conciencia de pertenencia a la realidad física.
Te protege y facilita el despliegue de los potenciales que acarreas desde el espíritu. Sin embargo, también puede limitarte hasta el punto de impedirte ser feliz. En cualquier caso, la conciencia de la muerte te ayuda a realizar este viaje de forma ligera, despreocupada y alegre.
La muerte física no es el final de la existencia. Es solo un cambio de plano, una transición a otra dimensión de realidad. Estamos muy cerca de poder afirmar que esto es un hecho científico.





