La parapsicóloga española Sol Blanco Soler comenta que muchos de los rituales funerarios que se practican en la actualidad sirven al propósito de recordarle al difunto que está efectivamente muerto.
En Indonesia, por ejemplo, la persona que ha fallecido es llevada en una camilla. Los porteadores hacen un zigzag y vagan sin rumbo duran- te un tiempo. De esta forma el muerto se marea y no puede encontrar el camino de regreso a casa.
En la India, los cortejos fúnebres se reali- zan cantando. Mientras el difunto es llevado hasta el crematorio, los dolientes cantan canciones alegres para ayudarlo en su transición.
Entre los romanos se pensaba que, si un alma se quedaba atrapada en- tre dos mundos (el de los vivos y el de los muertos), podía desarrollar una actitud de odio y venganza hacia los primeros. Para evitarlo, realizaban ceremonias muy complejas y construían necrópolis o cementerios. En ellos se enterraba a los muertos para que pudieran hacer su tránsito sin distracciones.
En la Iglesia católica se practica la extremaunción con el objetivo de cambiar la frecuencia de vibración del difunto y prepararlo para su encuentro con Dios.
Por otro lado, uno de los arquetipos universales que abunda en los rituales religiosos es aquel que concentra la energía vital para que pueda ser aprovechada por el alma en el momento de la transición o en su camino de renacimiento.
Antiguamente, los banquetes funerarios se celebraban encima de las tumbas. Hoy en día, esta tradición se mantiene en la cultura mexicana. Para ellos, el Día de Muertos representa una oportunidad para que las almas de los difuntos regresen a visitarlos. Se realizan ofrendas para que dispongan de vigor, encuentren de nuevo el camino de vuelta a su morada espiritual y favorezcan a los vivos.
En China es frecuente vestir a la mujer que fallece con su traje de novia. De esta forma puede realizar el transito con más energía. Entre los pueblos nórdicos, las mujeres guardan un trozo del pastel de boda para que las entierren con él. Para esta cultura, la fiesta de los muertos es una exaltación de la fertilidad y de la vida.
Por su parte, la palabra orgía no tiene en su origen ninguna connotación sexual. Se refiere al frenesí religioso asociado a algunos rituales que buscaban la exaltación de la energía. La idea original consistía en desencadenar una fuerza vital que transcendiera al plano terrestre e influyera sobre el alma de los fallecidos para ayudarles en su camino.





