Otra circunstancia es aquella en la que no tenemos ninguna idea preconcebida sobre lo que sucede después de la muerte. Es algo propio de gente atea o agnóstica. En este caso, lo más probable es que la persona reviva la ilusión de la realidad material que ha experimentado en su vida terrenal.
Recuerda que tu experiencia en el plano físico es tan solo una ilusión creada por los sentidos. Es una visión que no desaparece tras la muerte, tan solo cambia de forma.
Para estas personas, lo que encontramos en el astral es un área realista en la que el alma recrea los escenarios que ha vivido mientras estaba encarnada en un cuerpo.
En cierta ocasión seguí la muerte de una persona muy valiosa para mí que había pasado buena parte de su vida viajando en avión. Cuando conecté con su alma, la encontré un poco aturdida y manifestó encontrarse en una especie de aeropuerto.
Otra vez me vinieron a consultar por la muerte de una mujer. Al entrar en su campo de energía, la encontré en una casa muy grande llena de cosas. La mujer se pasaba el día ordenándolo todo. Cuando revelé lo que estaba viendo, me confirmaron que era muy obsesiva con el orden.
De acuerdo con el terapeuta holandés Gerrit Gielen, aquí se pueden localizar ciudades enteras o entornos rurales tal y como existen en la Tierra.
Como en todos los casos, las experiencias que viva el alma serán un reflejo de su propio mundo interior y su evolución estará condicionada por la capacidad que tenga para reconocer su esencia y fijar un anclaje de luz a la conciencia.
La esfera astral es un reflejo directo de nuestra realidad interior. Al morir, recreamos lo que imaginamos y experimentamos lo que sentimos de forma inmediata. Es lo mismo que sucede cuando soñamos.





