A la hora de morir hay que distinguir dos grandes etapas. Una es la muerte del cuerpo y la otra, el viaje que emprende el alma cuando lo abandona.

La cultura tibetana ha estudiado en profundidad el proceso de la muerte física que culmina cuando los sentidos dejan de funcionar. Consta de cuatro fases. En cada una de ellas perdemos uno de los elementos que forman la materia de la que estamos hechos: la tierra, el agua, el fuego y el aire. Los tibetanos lo llaman la disolución externa. Los pasos que describo a continuación pueden ser experimentados de manera distinta por cada persona. En todo caso, forman el común denominador que nos acompaña en el momento de la transición.

Es interesante tenerlos en cuenta para no perder la conciencia de lo que nos sucede mientras abandonamos este plano. También sirve para comprender y poder acompañar a otros seres que se estén muriendo. Estas son algunas de las cosas que pueden suceder en el momento de la muerte.

Al principio, el cuerpo pierde su fuerza y el moribundo tiene la sensación de caer o de ser aplastado por un gran peso. Al mismo tiempo, las mejillas pierden color, se chupan y la piel se torna pálida. Aquí la mente se puede agitar y la persona, delirar y zozobrar hacia la somnolencia. En esta fase, el elemento que se retira del cuerpo es la tierra.

Luego se pierde el control sobre los líquidos corporales y la persona llora sin poder detener las lágrimas o sufre de incontinencia. La lengua se le queda inmóvil y los ojos se le secan. También es frecuente que tenga mucha sed y que experimente temblores, estremecimientos y cambios repentinos de temperatura. Aquí el elemento que se aleja es el agua.

Posteriormente, el moribundo registra mucha sequedad. Su vista y su oído se tornan confusos. El calor corporal desaparece y hay momentos de confusión en los que puede no reconocer a sus parientes y amigos. En esta etapa pierde su fuego interno.

Finalmente, la respiración se entorpece y los ojos se quedan en blanco. La persona resopla y todo se le vuelve borroso. Al perder la conciencia del mundo exterior, se producen delirios y visiones (que pueden ser aterradores o placenteros). A partir de este momento, la respiración se hace cada vez más costosa hasta que se llega a la exhalación final.

Cuando la respiración se ha interrumpido, solo queda un poco de calor en el corazón, los signos vitales ya han desaparecido y la persona es declarada clínicamente muerta.

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Javier Revuelta

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