Otro de los grandes arquetipos geométricos es la espiral. Este diseño está presente en microorganismos, galaxias, el ADN, ojos, flores, órganos, caracoles, huracanes, plantas… Es un símbolo muy antiguo que forma parte de todas las culturas y rituales que anteceden a las religiones. Representa el paradigma universal de la evolución que vuelve al mismo punto una y otra vez, pero modificando la perspectiva. Cada vez que se pasa por la misma situación, esta se ve con una luz diferente.
La espiral responde a un invariante universal que se llama proporción áurea y está regida por el conocido numero phi (1,6180339887…). Este número fue descubierto por el matemático griego Euclides trescientos años antes de Cristo y presenta una notable particularidad: tiende al infinito, es decir, no se acaba nunca.
En el año 1225, el matemático italiano Leonardo de Pisa descubrió una secuencia de números que está presente en multitud de manifestaciones naturales. Es la secuencia Fibonacci. Esta serie numérica sorprende por su sencillez. Partiendo de la unidad, resulta de sumar a cada número su anterior, es decir: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144… Lo más curioso de todo es que, si dividimos cada número por el anterior, a medida que ascendemos por la secuencia, nos aproximamos al número phi de Euclides.
En suma, la secuencia Fibonacci revela la existencia de un ritmo intrínseco en la evolución de los fenómenos naturales. En nuestros días, este compás de crecimiento se considera un auténtico prodigio matemático y está presente en muchas manifestaciones de la vida.
El astrofísico israelí Mario Livio, director hasta la fecha del instituto que gestiona el telescopio Hubble, comenta lo siguiente:
La frecuencia Fibonacci y la proporción aurea constituyen los fenómenos matemáticos más asombrosos del mundo. Aparecen en muchísimos fenómenos naturales o realizados por el hombre tales como la cría de conejos, los pétalos de una flor, el movimiento de las galaxias, la disposición de las hojas en el tallo de una planta, las dinámicas bursátiles, las obras de arte…
Todas las culturas del mundo reflejan en su arte los caracteres geométricos inmortales de los que parece haber surgido la vida. En la antigüedad se sabía que estos patrones eran códigos simbólicos que permitían descifrar nuestro mundo interior. Entre otras cosas, se utilizaban para conectar con el alma, unificar los campos de energía y despertar el poder intuitivo de la mente al conocimiento universal.
Los antiguos mayas, usaron la geometría sagrada para construir los observatorios astronómicos, los egipcios para las pirámides, los israelitas para los tabernáculos, los babilónicos para los zigurats, los musulmanes para las mezquitas, los cristianos para las catedrales… Ahora este conocimiento está siendo recuperado y se utiliza para la sanación y para la transformación de la conciencia.





