Desde una perspectiva biológica, la luz es igualmente crucial para mantener un buen estado de salud. De hecho, el metabolismo de las células y la comunicación intercelular dependen de unos rayos lumínicos llamados biofotones. Estos haces de luz forman un campo de energía. Cuanto más intenso y coherente es este, más efectivo resulta el intercambio de información. En definitiva: vivimos de información y somos seres de luz.

En las culturas milenarias, la luz se considera una de las primeras manifestaciones del cosmos.

En la Biblia se dice: «En el principio, Dios creó los cielos y la tierra […] y dijo Dios: hágase la luz, y la luz se hizo». En el budismo, este principio creador al que todos retornamos después de la muerte se conoce como «Luminosidad Base». Por su parte, el «Camino de la Iluminación» se concibe como un regreso a la fuente original que nos ha creado y está presente en el judaísmo, el misticismo, el cristianismo, el hinduismo y el budismo. El mismo Albert Einstein dice: «La luz es la sombra de Dios».

También el sonido se considera el origen de la creación. La ciencia, a través de la teoría de cuerdas, sugiere que el corazón del universo es una hermosa sinfonía cósmica. Como una vibración que estuviera sos- teniendo la matriz geométrica que le da su forma.

Algunas religiones como la hinduista y la budista atribuyen al sonido OM el comienzo de la creación. Este canto fuente simboliza la unidad con lo supremo y la integración de la realidad física con la espiritual.

En la Biblia se habla de un sonido original: «En el principio era el Verbo y el Verbo era Dios […] Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros». El filósofo griego Heráclito y los estoicos que le sucedieron hablan de un principio sin forma, un logos que crea un ritmo entre opuestos a partir del cual se originan todas las manifestaciones visibles del firmamento. En la Cábala se menciona el «Nombre Impronunciable de Dios» para recordar que es una vibración omnipresente e inaprensible. Por su parte, en la tradición hindú encontramos a Shiva, que significa «Señor de la Danza». Está representado con un tambor que simboliza el pulso o la vibración a partir de la cual se origina el universo. La tradición cuenta que, cuando Shiva concedió el don de la sabiduría a los ignorantes, hizo resonar su tambor y el sonido resultante creó la gramática sanscrita.

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Javier Revuelta

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