• Negamos nuestra esencia amorosa (nuestra espiritualidad) y nos olvidamos de quienes somos.
• Disfrutamos vertiendo nuestra negatividad sobre los demás. Hacemos daño intencionadamente y nos nutrimos del placer negativo. Vivimos llenos de ansiedad, es decir, nunca tenemos bastante. Somos capaces de destruir a otros seres o a nosotros mismos de manera consciente e intencionada.
• Conocemos el dolor emocional y psíquico pero no tenemos ninguna intención de experimentarlos.
• Somos caprichosos, violentos, impacientes, orgullosos y crueles. Solo deseamos hacer lo que nos place. Nunca tenemos en cuenta a los demás, es decir, nos ocupamos exclusivamente de nosotros mismos.
• Siempre estamos a la defensiva (o al ataque) y justificamos cualquier cosa con tal de protegernos del peligro en el que imaginamos vivir.
• Somos honestos. Declaramos nuestra hostilidad de forma franca y abierta.
• Presentamos una gran resistencia a unirnos a los demás. Nos sentimos superiores a otros seres. Buscamos el poder y despreciamos la verdad. Destruimos todo lo que no podemos dominar o que no se asemeja a nosotros y no somos capaces de crear nada nuevo.





