El miedo es una proyección de la mente hacia el futuro. Ante una situación adversa, lo que nos lo provoca es siempre lo que puede llegar a suceder.
Por este motivo, si deseas solventarlo con garantías, lo mejor que puedes hacer es reconocer que lo tienes y, sobre todo, que lo estás sintiendo. Para ello, tienes que acceder al poder de tu presencia en el ahora y dejar que tu cuerpo gobierne el proceso alquímico de su transformación.
La mente no es capaz de eliminar el miedo. Tan solo aporta recursos para gestionarlo, pero no lo suprime. Imagínate que estás nadando entre tiburones. Para combatir el pánico decides pensar que son delfines y, por un momento, te sientes mejor. Sin embargo, si no nadas hasta la orilla, tu mente volverá de nuevo a crear la ilusión de ser devorado por los escualos.
Si vives con miedo, todo tu metabolismo se ve afectado. Las células funcionan peor y el organismo se deteriora.
Una de las causas principales de las enfermedades crónicas que padecemos es la falta de amor hacia nosotros mismos. Podemos hacer ejercicio físico, descansar, alimentarnos de forma natural, tomar el aire y el sol o depurar el cuerpo de forma regular.
No obstante, si no somos capaces de amarnos, nuestras células se contraerán por efecto del miedo y terminaremos enfermando.
Todo proceso de deterioro a nivel orgánico comienza a revertirse desde el mismo instante en el que detenemos el continuo mental y comenzamos a prestar atención a nuestro cuerpo interior.
Entonces el equilibrio con la naturaleza se restaura, la rama parasimpática del sistema nervioso autónomo se activa y los procesos de depuración y regeneración celular comienzan a producir salud de forma natural.
Asimismo, los átomos, que son la dimensión más pequeña de la que estamos hechos, empiezan a vibrar en armonía con los patrones geométricos que rigen el universo. En esta situación, nos volvemos amor y el organismo se recupera con más facilidad.





