La mayoría de la gente no es consciente de esta parte de su psique y actúa como si no existiera. Esto se debe a que viven en un paradigma que ha establecido de antemano lo que se puede o no hacer (lo que está «bien» o «mal»).
Cuando la persona no logra su propósito de «ser el bueno» y falla, se siente culpable. La culpa es un sentimiento que lleva implícito el miedo al castigo. En esta situación, la máscara buscará el perdón fuera de sí misma (a través de la confesión, la súplica…) o hará responsables a los demás de sus sentimientos.
El motivo es que necesita ser aceptada por su entorno.
Si se liberase de los roles de víctima y de perpetrador, tendría que admitir su propio dolor interno y hacerse responsable de él. Esto es algo que no se puede permitir, pues cree que es peligroso. En el fondo, lo que sucede es que tiene mucho miedo a conectar con su esencia amorosa y a funcionar desde el corazón.
La máscara mantiene una lucha permanente para que el ser destructivo no emerja a la conciencia.
En la novela El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, escrita en 1886 por el escritor escocés Robert Louis Stevenson, se cuenta el caso de un científico (el doctor Jekyll) que crea una poción mágica. Al beberla, se convierte en otra persona (el señor Hyde), un criminal capaz de cometer cualquier atrocidad. El libro, del que se han hecho cientos de representaciones teatrales y versiones cinematográficas, se ha convertido en una obra esencial de nuestro tiempo. El motivo por el que sigue siendo tema de actualidad es porque la lucha entre el «bien» y el «mal» aún permanece muy viva en nuestra cultura.
A medida que nos hacemos conscientes de la inutilidad de esta pelea, la guerra interna que mantenemos con nosotros mismos se diluye y ya no sentimos la necesidad de destruir o negar al señor Hyde. En su lugar, aparece una actitud más comprensiva y responsable. Aprendemos a perdonarnos y a perdonar a otros y el sentimiento de culpa deja de perseguirnos y oprimirnos.
La primera forma de gestionar nuestra relación con el ser destructivo consiste en ocultarlo bajo la máscara.





